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Academia Vida

La huella de Colombia acumulada en los microplásticos del río Magdalena

27/01/2023
Por: Natalia Piedrahita Tamayo- Periodista

Analizar la presencia y los impactos de los microplásticos en los ecosistemas del delta del Río Grande de la Magdalena, es uno de los retos que tienen investigadores de la Universidad de Antioquia tras su participación en la expedición que una veintena de científicos de Colombia y Alemania realizados por este cuerpo de agua durante 26 días.

El río Grande de la Magdalena es la principal arteria fluvial de Colombia. Los muiscas lo llamaban «Yuma» río amigo y «Arli» rio del pez—. Fotografía cortesía: Juan Darío Restrepo Ángel, investigador Universidad Eafit. .

El río Grande de la Magdalena ha inspirado de diferentes formas la tradición oral y narrativa nacional, es el mítico cuerpo de agua navegado por Fermina Daza y Florentino Ariza, personajes principales de El amor de los tiempos del cólera (1985), novela de Gabriel García Márquez. Es la principal arteria fluvial del mar Caribe colombiano, con un brazo hídrico de 1528 kilómetros, por el que otrora llegaron los productos de las grandes empresas mundiales. En el actual delta del río Magdalena, finalizó recientemente una expedición científica colombo-alemana, que durante 26 días navegó sus aguas tomando muestras y analizando una multitud de datos oceanográficos.

Se embarcaron en el María S. Merian, el segundo buque de investigación más moderno de Alemania. En total, fueron 20 investigadores de Colombia y Alemania- con absoluta paridad de género. Por Colombia participaron científicos de las universidades del Norte, del Atlántico, de la  Nacional de Colombia y de Antioquia, además de Ecopetrol; de Alemania lideraron el crucero la Universidad de Kiel y el Instituto Leibniz para la Investigación del Mar Báltico Warnemünde.

Los científicos llevaban preguntas relacionadas con  geoquímica, la física, la oceanografía, y la biología de la desembocadura del río. Con equipos sofisticados, y con una planeación rigurosa, todos los integrantes fueron responsables de la toma de datos y muestras den cada tema.

«Para mí fue una experiencia nueva, con colectas y mediciones día y noche a través de los más de 600 kilómetros ida y vuelta que navegamos. Nos dividíamos por turnos de 4 horas para cubrir entre todos las 24 horas. Al principio fue caótico porque el software y los equipos exigían que aprendiéramos a manejar detalles minuciosos», relató José M. Riascos, biólogo marino y profesor de la Corporación Académica Ambiental, quien lideró desde la Universidad de Antioquia la participación en esta expedición científica.

La navegación se dio a lo largo de 300 kilómetros desde la zona delta —desembocadura del río— al frente de Barranquilla y el norte de La Guajira. Esta región es de gran interés por la complejidad de los mecanismos de mezcla de agua dulce y salada y la dinámica de las corrientes marinas. En estos segmentos se evaluaron aspectos relacionados con dimensiones, extensión, procesos turbulentos y estructura de pluma del río, entre otros.

Una de las misiones que tuvo esta expedición fue hacer comparativos biogeográficos de lo que fue el río en el pasado y lo que es ahora, lo cual es posible porque estas corrientes, y lo que reside en el lecho del mar constituye la “memoria” de la Tierra, una memoria que estamos aprendiendo a leer. Así lo explicó Riascos: en el Cañón de La Aguja se colectaron sedimentos de capas profundas que muestran que allí hubo otro río que no era el Magdalena. Este sistema hídrico es muy viejo y en él residen evidencias de los procesos geológicos que se han dado a través de millones de años. Todo esto permite que se estudie comparativamente el lugar.

Un «mar» de microplásticos 

Núcleos de sedimentos. Fotografía: cortesía Christian Winter, Universität Kiel.

Cuando decidió estudiar los microplásticos, Riascos lo hizo por preguntas que surgieron durante sus estudios doctorales. Sin embargo, hoy no está solo, otros investigadores, algunos de la sede de Ciencias del Mar de la Universidad de Antioquia, se han interesado en el tema. Allí han colectado y analizado muestras sobre la presencia de los microplásticos en las aguas del Golfo de Urabá.

Desde su perspectiva, acercarse al río Magdalena desde la ciencia y, en particular, con preguntas sobre los microplásticos, que son uno de los principales agentes contaminantes del planeta, significa estudiar la huella de las actividades humanas en el planeta.

«El río Grande de la Magdalena es un sistema auténticamente antrópico, que aporta 560 toneladas de sedimentos por km² al año. En su desembocadura está “enterrada” la historia de las sociedades contemporáneas, ya que esta zona recibe la influencia de la cuenca, espacio donde se genera el 80 % del PIB del país. Este sistema ha sido transformado, ya que tanto su cuenca como sus tributarios pertenecen a la zona andina, donde están la mayoría de las ciudades de Colombia y, con ellas, las grandes empresas. En el sistema existen 22 represas, que han transformado abruptamente los ciclos naturales y ocurren fenómenos relacionados con la ganadería, la agricultura y las actividades ilícitas», precisó el investigador.

La tomas de sedimentos se hicieron con boxcores, cajas sumergidas hasta a 3000 metros de profundidad, que “muerden” un metro cúbico del sedimento. A esa profundidad los investigadores encontraron diferentes tipos de plásticos, entre ellos vasos desechables, bolsas, elementos de un solo uso e «icopor». Sin embargo, en las fracciones recolectadas hay mucho más: «Ahora mismo estamos en la fase de cuantificar y caracterizar los microplásticos hallados para determinar cómo interactúan con la biota del lecho marino. Son cosas que no se ven a simple vista y que deben ser analizadas en laboratorio», detalló Riascos.

Todos los plásticos son derivados del petróleo, material que viene de procesos biológicos que duraron millones de años. «Nosotros hemos aprovechado esta fuente de energía y, entre muchas cosas, hemos hecho plásticos. Estos tienen un asunto nefasto: tardan 400 años en biodegradarse. Sin embargo, ya sabemos que las reservas de petróleo se van a acabar. El problema en sí no es el plástico, es el consumo humano desmedido de ese o cualquier material», explicó Mónica María Zambrano Ortiz, oceanógrafa e investigadora de la Sede de Ciencias del Mar de la Universidad de Antioquia.

Schiff fährt auf dem Wasser mit unterschiedlicher FärbungEl buque de investigación Maria S. Merian sale del penacho del río Magdalena. Se observa la coloración gris-marrón del agua del río y el tono azul del Mar Caribe. Fotografía: cortesía Christian Winter, Universität Kiel.

Desde la perspectiva de los investigadores, aunque la producción internacional de plástico comenzó a intensificarse aproximadamente a partir de los años 60, se ha extendido y hoy reside en distintas partes del océano y los ríos. Los microplásticos, además de generar lesiones estomacales y cutáneas en la fauna, pueden absorber altas concentraciones de contaminantes y componentes tóxicos, con lo que se afectan a todos los animales de la cadena alimentaria y a menudo paran en el organismo humano.

«Estamos transformando la biosfera. Si esperamos que los líderes mundiales tomen las decisiones y las ejecuten, no sucederá nada. No hay que justificar la violencia de quienes se están manifestando en los museos, pero tampoco la inacción de los políticos de turno; las personas están preocupadas porque hemos alterado el equilibrio de la vida. El estado de deterioro del río Magdalena es contundente: lo que hoy se pesca en el río es un décimo de lo que se pescaba hace 50 años», opinó Riascos.

Las aguas del Magdalena deben ser observadas y conocidas. Los investigadores alemanes alertaron sobre el poco monitoreo y estudio que ha tenido un río tan grande y determinante para el área terrestre en el que está inserto. En un país que cada día se enfoca tozudamente en investigación aplicada con el pretexto engañoso de la responsabilidad social, dejando de lado la investigación fundamental, este es un elemento de reflexión que deja la unión investigativa de esta expedición.

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