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Academia Ciencia Sociedad

El cambio climático se hace más evidente

24/01/2024
Por: Carlos Olimpo Restrepo S. - Periodista

El clima terrestre ha cambiado en periodos de tiempo prolongados, pero el actual fenómeno de calentamiento global —que ya pasó a «ebullición global» según la ONU— se ha acentuado por las mayores emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la acción antrópica, es decir, por las actividades humanas centradas en el uso de combustibles fósiles y cambios de uso del suelo. Dos investigadores de la Escuela Ambiental de la Facultad de Ingeniería de la UdeA ayudan a explicar la situación.

Imágenes que muestran el aumento de las temperaturas en los océanos Atlántico y Pacífico en las últimas tres décadas. Fotos tomadas de Copernicus Climate Change Service/ECMWF
 

Granizadas con trozos de hielo del tamaño de pelotas de golf o de tenis en Italia en agosto, días de temperaturas por encima de los 30 grados centígrados en Sao Paulo, Brasil; Buenos Aires, Argentina, y Santiago, Chile, en pleno invierno austral; récord de temperaturas altas en desiertos de California, Estados Unidos, China e Irán; olas de calor extremo en España, Francia y otros países europeos, que hicieron del verano del hemisferio norte de 2023 el más caliente desde que se tienen registros confiables de las temperaturas.

Estos son algunos de los hechos climáticos extremos vividos en el planeta en meses recientes, a los que Colombia no es ajeno: a finales de mayo de 2023 terminó un prolongado periodo de lluvias originado por el fenómeno de La Niña y empezó una temporada de calor que, según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales —Ideam—, generó los mayores registros históricos de temperatura para el mes de julio en los departamentos de La Guajira, Atlántico y Magdalena, con un promedio mensual cercano a los 38 grados centígrados, mientras se alcanzaron nuevas marcas en Valledupar —40,1 °C—, Riohacha —38,4 °C—, Monteria —38,4 °C—, Santa Marta — 38 °C— y Cartagena — 38 °C—. 

En Antioquia también se alcanzaron promedios de temperatura por encima de los registros históricos de julio: Puerto Berrío, con 28,5 °C; Caucasia, 27,8 °C; El Bagre, 27,6 °C; Arboletes, 27,5 °C y Apartadó, 27,2 °C, según el Ideam. Luego vinieron días de lluvias fuertes, generados por ondas tropicales, tormentas y huracanes en el Pacífico y el Atlántico, un respiro temporal mientras se consolida el fenómeno de El Niño que, posiblemente, traerá mucho más calor en los próximos meses.

Estos acontecimientos han traído de nuevo la conversación sobre las causas del cambio climático en la Tierra y lo que los seres vivos del planeta vamos a afrontar en los años y décadas cercanas. Y aunque puede haber mucho pesimismo, también hay espacio para la esperanza.
 

«La Tierra acaba de pasar los tres meses más calurosos de su historia (…). Las temperaturas globales de la superficie del mar están en niveles sin precedentes por tercer mes consecutivo y la extensión del hielo marino en la Antártida se mantiene en un mínimo histórico para la época del año»:

Organización Meteorológica Mundial, septiembre de 2023
 

Alertas con sustento
 

En octubre pasado, el informe Estado del clima 2023: entrando en un territorio inexplorado, publicado en la revista BioScience, señaló que este año hemos sido «testigos de una extraordinaria serie de récords relacionados con el clima que se batieron en todo el mundo. El rápido ritmo del cambio ha sorprendido a los científicos y ha causado preocupación por los peligros del clima extremo, los riesgosos ciclos de retroalimentación climática y la aproximación de puntos de inflexión dañinos antes de lo esperado».

El documento, elaborado por científicos de Estados Unidos, China, Australia, Países Bajos, Reino Unido, Brasil y Bangladesh, afirmó que «las temperaturas medias diarias mundiales nunca superaron los 1,5 grados Celsius (°C) por encima de los niveles preindustriales antes del año 2000 y sólo ocasionalmente han superado esa cifra desde entonces. Sin embargo, en 2023 se han registrado 38 días con temperaturas medias mundiales superiores a 1,5 °C al 12 de septiembre (más que cualquier otro año) y el total puede seguir aumentando». 

«Este año ha estado tan caliente que, probablemente, la meta de 1,5 grados centígrados la vamos a alcanzar antes de 2030. Lo que tenemos hoy es algo que va a tener repercusiones no solo ambientales, sino también sociales. El costo de tener dos, tres o cuatro grados más será muy elevado», aseguró Juan Camilo Villegas Palacio, coordinador del pregrado en Ingeniería Ambiental de la Facultad de Ingeniería de la UdeA.

A lo que se refieren este investigador y la publicación de la revista BioScience es al objetivo global de no incrementar la temperatura terrestre más de 1,5 °C con respecto a niveles preindustriales, es decir, detener el calentamiento global causado por gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono —CO2—, emitidos a causa del uso de combustibles fósiles y cambios de usos de suelo como la deforestación y la agricultura intensiva, que han cimentado el crecimiento industrial y económico de la humanidad en los últimos dos siglos. Pero cuando se trazó esa meta, en 2015, ya el incremento iba en 1,0 °C y en 2021 llegó a 1,1°C de aumento, según el sexto reporte de evaluación del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU —IPCC, por sus siglas en inglés—.

Según el Servicio de Cambio Climático del programa Copernicus de la Unión Europea, «en mayo de 2023, las temperaturas de la superficie del mar a nivel mundial eran más altas que en cualquier mayo anterior registrado, y esto continuó en junio, con anomalías aún mayores» en comparación con el promedio climatológico registrado entre 1991 y 2020. 

En mayo y junio pasados, la superficie del océano Atlántico norte alcanzó 24,9 °C, la temperatura más alta hasta ahora, mientras en el océano Pacífico tropical, donde se desarrolla El Niño, también hay olas de calor muy fuertes, los mismo que en el Índico. En promedio, la superficie mundial de los mares alcanzó 21 °C en el verano boreal pasado, y puede aumentar con el austral.

«Todo se está sumando para que este año sea tan caliente y esta situación facilita que el ciclo del agua se manifieste con extremos más extremos, lo que altera todo el sistema climático planetario», afirmó Paola Arias Gómez, profesora de la Escuela Ambiental de la UdeA y única mujer científica colombiana del IPCC.

Al respecto, Villegas explicó que el aumento de las temperaturas de los océanos contribuye más a la situación global. «El agua tiene una característica diferente a la tierra sólida y es que cuando se calienta se demora mucho para enfriarse, por eso cuando hay frío se recomienda tener una bolsa o una botella de agua caliente, porque se presenta un fenómeno llamado inercia térmica», precisó.

Aunque el cambio climático obedece a diferentes factores, acciones humanas como la generación de energía a partir de combustibles fósiles o la producción masiva de bienes de consumo lo aceleran. Foto Janusz Walczak / Pixabay

Las consecuencias son amplias
 

Los datos antes mencionados no son aislados, pues en años pasados recientes, desde diferentes organismos gubernamentales y centros de investigación científica, se ha demostrado que hay un cambio climático en curso y una de sus manifestaciones es el calentamiento global —con récords de temperatura consecutivos anuales—, acelerado por la acción antrópica, es decir, del ser humano, que produce grandes cantidades de gases de efecto invernadero —como el CO2 o el metano—, muy difíciles de procesar naturalmente al mismo ritmo que se emiten a la atmósfera.

Y esto representa grandes peligros para todos los seres vivos, de presentes y futuras generaciones. «Tener una atmósfera más caliente significa que habrá sequías más intensas. Hay regiones agrícolas muy importantes en el mundo que ya muestran escasez estacional de agua con climas muy calientes y eso amenaza la producción mundial de alimentos», sostuvo Juan Camilo Villegas.

El científico advirtió que «en muchas partes del mundo la sobrevivencia de las poblaciones ya empieza verse en riesgo. No solo de pequeñas naciones insulares, sino de países grandes como Japón, Noruega, Perú, Ecuador, que pueden tener problemas por estas olas de calor marinas, que pueden tener un efecto devastador sobre algunos ecosistemas marinos que no hemos visto antes». 

Al respecto, Paola Arias agregó que «hay zonas del planeta en las que podríamos tener inundaciones o eventos de lluvias muy intensas, mientras en otras se pueden vivir sequías más prolongadas. Todo esto afecta la agricultura y genera migración de personas a zonas más seguras, donde se pueda cultivar, y son los más jóvenes, sobre todo hombres en edad de trabajar, quienes se mueven, y dejan atrás mujeres, niños y ancianos, población más expuesta a peligros (…). También se producen más muertes por olas de calor, como sucedió en Europa el año pasado o este, o por huracanes y tifones en el Caribe o en Asia».

En este sentido, Villegas llamó la atención sobre la afectación que el cambio climático representa para los sistemas de salud. «No es solo que la gente se cae en la calle por deshidratación durante las olas de calor y debe ser atendida, también va a los hospitales porque las enfermedades transmitidas por vectores aumentan, en especial las tropicales, porque el rango de distribución de los que las tramiten va más allá del extratrópico —más al norte o al sur de los trópicos— o suben las montañas, zonas donde antes no se presentaban», anotó.

Y agregó que «si lo miramos en términos económicos, el tiempo productivo de las personas que trabajan en el exterior disminuye, porque hay momentos del día en que la temperatura es muy alta».

La investigadora Arias hizo un llamado a quienes están al frente de las entidades oficiales a hacer monitoreos permanentes de las fuentes de agua, tanto de los embalses como de los niveles de los ríos, que son muy importantes en el país no solo para el abastecimiento de agua potable, sino también para la producción de energía eléctrica.

 

«Hay aspectos como el consumo del agua en climas muy secos que son muy necesarios. En el Valle de Aburrá hemos tenido días muy soleados, sin nubes, y muchas personas están al aire libre en sus actividades cotidianas, en la ciudad y en las zonas rurales. Por eso es muy importante la hidratación constante y esto implica una mayor demanda de agua en un clima cambiante»,  
Paola Arias, científica colombiana en el IPCC

 

Algunas acciones por emprender

Disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero es una de las medidas que más se ha discutido y acordado en foros internacionales sobre cambio climático. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe 


El panorama es poco alentador, pero aún hay posibilidades de desacelerar este proceso de cambio climático, aunque conjugar las advertencias de científicos y organismos nacionales e internacionales climatológicos con algunas posiciones políticas y con intereses económicos no resulta una tarea fácil.

A finales de 2020, el Gobierno de Colombia se fijó la meta de reducir en 51% las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 y, el año pasado, el actual ejecutivo propuso un plan de transición energética que abrió un amplio debate sobre la exploración y explotación de petróleo y otros combustibles fósiles.

Al respecto, Juan Camilo Villegas señaló que «la idea de volver a niveles preindustriales de producción es imposible, proponerlo no tiene lógica, le puede restar seriedad a las propuestas para resolver este problema y puede ser usado para desprestigiarlo».

«En lo que sí podemos trabajar es en hacer más eficiente la producción en término de emisiones, frenar el crecimiento de las emisiones es algo necesario para la sociedad global y eso implica cambiar los hábitos de consumo de los individuos, disminuir la velocidad de crecimiento de la población humana, hacer esfuerzos reales por disminuir la pérdida de bosques tropicales, restaurar algunos ecosistemas», agregó.

Paola Arias afirmó que se necesita mayor voluntad política y económica que la actual para lograr los cambios que se plantean en las conferencias internacionales y en los países y regiones del mundo, «porque necesitamos reducciones inmediatas, rápidas y sostenidas de la emisión de gases de efecto invernadero».

Al igual que Villegas, la docente reiteró la necesidad de introducir cambios en los hábitos individuales de consumo y en la oferta que se hace por parte de los productores, para introducir, por ejemplo, formas de alimentación diferentes a las actuales.

Son acciones que se deben emprender de manera urgente para afrontar lo que se avecina y sobre lo que el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, advirtió el pasado 6 de septiembre: «Nuestro clima está implosionando más rápido de lo que podemos hacer frente a los fenómenos meteorológicos extremos que afectan a todos los rincones del planeta. El aumento de las temperaturas exige una mayor acción».

Ese aumento de temperatura sobre el que el alto funcionario advirtió semanas antes: «el cambio climático está aquí. Es aterrador. Y esto es sólo el principio. La era del calentamiento global ha terminado, ahora es el momento de la era de la ebullición global».

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