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La amarga pandemia oculta en los productos comestibles ultraprocesados

16/04/2021
Por: Ronal Castañeda Tabares - Periodista

Son baratos, adictivos —debido a sus altos niveles de azúcar y sal— y están generando un problema de salud pública a largo plazo. En Alma Mater le contamos por qué hay que tener cuidado con el consumo de productos comestibles ultraprocesados y cómo puede empezar a darle mejor información al cuerpo.

Algunos comestibles llegan a ser publicitados como «saludables» con etiquetas sin azúcar, bajos en grasa, dietéticas o light. Foto: Pixabay

Desde su nacimiento, el bebé recibe su menú de iniciación a los comestibles artificiales con la leche de fórmula, un sustituto alimentario industrial con aditivos de sabor, color y textura, además de conservantes. Años más tarde, el niño acompañará su lonchera de yogures con trozos de melocotón, cereales azucarados, bebidas gaseosas, compotas, snacks y todo tipo de «mecato». Habituado por décadas a los comestibles de paquete, enlatados o envasados, el adulto llenará para su familia la alacena de su cocina con galletas, salsas, tortas, bizcochos, bebidas azucaradas o light, y otros productos con muy bajo o ningún valor nutricional. La mala alimentación, a largo plazo, le puede pasar factura al cuerpo.

«Desafortunadamente tenemos inundado el mundo de comida chatarra. En colegios, universidades y escuelas tenemos máquinas que nos venden alimentos ultraprocesados», advirtió Eduardo Guerrero, quien trabajó para la Organización Panamericana de la Salud —OPS— durante 25 años, fue asesor y consultor de la Organización Mundial de la Salud —OMS— en la atención y promoción temprana en salud.

Al profesor le preocupa que la mala alimentación está provocando una crisis de salud pública, especialmente en las últimas décadas, cuando han aumentado las enfermedades no transmisibles —ENT— como cánceres, diabetes, problemas cardiovasculares y respiratorios. De hecho, en junio de 2018 la OMS recordó que las ENT «matan a 41 millones de personas cada año, lo que equivale al 71 % de las muertes que se producen en el mundo», y que más del 85 % de estas muertes «prematuras» ocurren en países de ingresos bajos y medianos.

«Las cifras no mienten: en Estados Unidos cada año se reportan 3000 casos de ataques cerebrovasculares en menores de diez años», señaló el médico y fundador del Instituto de Medicina Funcional Carlos Jaramillo en su libro El milagro metabólico (2019), en el que habla de cómo corregir los malos hábitos alimentarios si se quiere tener una vida saludable.

Se come no solo para calmar el hambre, también a través de lo que comemos le damos información al cuerpo para funcionar. Como tal, señala el escritor, una mala información resultará en un mal funcionamiento y será la puerta de entrada de enfermedades crónicas:

«Los estudios indican que entre el 2020 y el 2030 uno de cada tres estadounidenses tendrá diabetes. Y para el 2040, uno de cada diez habitantes del planeta la padecería», indicó el autor sobre la «dulce pandemia» que no respeta cultura, sexo, religión, raza ni clase social. La Unidad de Problemáticas de Interés en Nutrición Pública de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia ha focalizado su trabajo en los productos comestibles ultraprocesados —PCUP—. Se basa en una clasificación que los nivela según el tipo de fuente. 

El primer grupo son los alimentos naturales: frutas, verduras, granos, semillas y carnes en estado puro; el segundo son los alimentos mínimamente procesados, es decir, aquellos con ingredientes originales que tienen alguna preparación casera, por ejemplo, un jugo de tomate, unos frijoles o unos huevos revueltos; el tercero, los productos procesados, que tienen un grado de industrialización con aditivos esenciales para su conservación —algunos muy utilizados son el benzoato de sodio o el sulfato de potasio— y que se encuentran en las arepas o en algunos derivados lácteos; y, finalmente, están los productos comestibles ultraprocesados, que se distinguen por una alta cantidad de sustancias químicas que no son reconocibles por las personas. Los de este último grupo, al que la OMS llama «alimentos ultraprocesados», no son considerados como alimento por la Unidad, debido a que no propician un estado de salud y nutrición adecuado como los otros. 

Claves para reconocer alimentos poco saludables

Vienen empaquetados: sea en cajas, latas, bolsas, botellas o algún tipo de empaque. Usualmente no son la base de una alimentación saludable. Contienen ingredientes que aumentan su duración: en su tabla de composición incluyen aditivos como el aspartamo, benzoato de calcio, carboximeticelulosa sódica, carragenina y otros nombres casi imposibles de pronunciar.  Su origen no es natural: luego de aditivos, azúcares, grasas y sodio añadido, es difícil saber qué tan natural es el producto. 
Fuente: RedPaPaz.

Con un nombre u otro, los malos de esta historia, los ultraprocesados, son descritos por la OPS como formulaciones industriales esencialmente a base de sustancias aditivas que le dan color, sabor y textura que imitan a la comida, pero que están nutricionalmente desequilibrados: «Tienen un elevado contenido en azúcares libres, grasa total, grasas saturadas y sodio, y un bajo contenido en proteína, fibra alimentaria, minerales y vitaminas, en comparación con los productos, platos y comidas sin procesar o mínimamente procesados», señaló el organismo en un artículo de 2019.

Vale la pena detenerse un momento en este punto. Haga un ejercicio usted mismo, mire en la alacena de su cocina, tome un envuelto, enlatado o envasado, y mire la etiqueta. Se dará cuenta de que las galletas dulces de paquete contienen harina de trigo, ingredientes culinarios —azúcar, grasa, sal— y aditivos para lograr un sabor agradable y una textura crocante; podrá constatar también que las «papitas de limón» no son solo papas con limón; que el jugo de naranja tiene «sabor naranja»; y que a leche de almendras en caja, que se vende como la panacea de los lácteos vegetales, contiene en su tabla de ingredientes nombres impronunciables y el elemento clave de los ultraprocesados: azúcar.

No es por avinagrar la comida, pero si le da la vuelta al empaque de salsa de tomate, encontrará una lista de elementos que le dan esa apariencia cremosa, húmeda y fresca al aderezo: humectantes, gelificantes —da aspecto gelatinoso—, acidulantes —modificador de la acidez y la viscosidad—, antioxidantes —proporciona sabor cítrico—, colorante, edulcorantes —dulce—, conservantes y acentuadores de sabor. ¿Puede comer salsa de tomate? Debe saber que esta no tiene aportes significativos y, a largo plazo, puede tener consecuencias negativas para su salud.

Una investigación publicada en noviembre de 2020 en la revista Experimenta, «Doble carga de malnutrición y ultraprocesados por montón», indica que el consumo prolongado de estos productos provoca un doble problema: malnutrición por déficit y exceso de alimentación. La primera, «más conocida como desnutrición, se refleja en alteraciones como el retraso en el crecimiento y la anemia. 

La malnutrición por exceso se evidencia en el sobrepeso, la obesidad y las ENT como la diabetes, el cáncer, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares», se explica en el artículo. Como ejemplo de lo anterior, la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional —Ensin— de 2015, el indicador oficial más reciente que se tiene, apunta que en Colombia uno de cada diez niños menores de cinco años presenta retraso en el crecimiento; a su vez, 6.4 % de la población en esta edad presenta exceso de peso —sobrepeso u obesidad—. En el caso de las mujeres en edad fértil —de 13 a 49 años—, el 15.5 % sufre anemia y el 49.7 % exceso de peso. 

Peligrosos bocados

Mientras elaboraba una investigación sobre ideas saludables para acompañar el menú de los hijos, la organización RedPapaz notó cómo se señala por lo común a los padres de familia o a la educación en el colegio como los culpables de que los niños y jóvenes coman chatarra y ultraprocesados. Sin embargo, no son los únicos actores:

«¿De dónde sacó el papá y la mamá que el juguito de caja era buenísimo mandarlo en la lonchera? ¿O que darle una sopa de sobre era mejor que la casera de ahuyama? Tenemos un entorno que nos bombardea de publicidad de esos productos que además enganchan con colores, juguetes y personajes», comentó Angélica María Claro, psicóloga y directora de operaciones de Red PaPaz. 

De hecho, los investigadores consultados sostuvieron que comer no es un acto individual, sino que involucra a actores y prácticas que el consumidor final no percibe y que influyen en su decisión de qué comer. En una investigación reciente, la nutricionista, dietista y microbióloga Cindy Alejandra Pachón, egresada de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Antioquia, identificó estrategias comerciales de 35 empresas que producen en el país ultraprocesados y que incluyen mercadeo, distribución, diseño y algo que define como el «discurso de valor», que es cuando se «califica a los productos como mejores que los originales, como si fuera un valor agregado», dijo la investigadora.

Por otro lado, estos envueltos están en todas partes, en cualquier tienda del país y lugar. De ahí que una de las propuestas de la Unidad de Problemáticas de Interés en Nutrición Pública sea el de promover ambientes saludables: «Le pongo un ejemplo, usted ahora va a las IPS donde se atienden a los pacientes de riesgo cardiovascular, con sobrepeso, obesidad y diabetes, y lo primero que encuentra es una máquina dispensadora de productos comestibles ultraprocesados en la sala de espera», apuntó la profesora y doctora en Salud Pública Eliana María Pérez Tamayo, cuya área de trabajo son los actores de las políticas públicas alimentarias y nutricionales y la actividad política corporativa de la industria de alimentos. 

Puede terminar este artículo y pensar en destapar las galletas dulces de paquete en leche. A primera vista el «mecatico» no le va a hacer daño, pero está demostrado que hay afectación en la salud pública a largo plazo. Empiece por cambiar la calidad de lo que come. Dele buena información al cuerpo, se lo agradecerá.

Paquete saludable en curso

Decenas de colectivos de la sociedad civil en el país se han puesto las botas para promover políticas que reduzcan el impacto de los ultraprocesados. Ruben Ernesto Orjuela, miembro de Educar Consumidores, comenta que se encuentra en curso un paquete de medidas saludables que incluyen impuesto a las bebidas azucaradas, protección a la lactancia materna —como se explicó líneas atrás, desde el nacimiento hay incidencia de productos ultraprocesados—, promoción de los productos agroecológicos y la alimentación saludable en escuelas y colegios.

Una de las iniciativas más importante es la de etiquetado frontal de los productos con sellos de advertencia —el actual es ineficiente, según los colectivos—, que desde el año pasado se encuentra en el Congreso bajo el proyecto de Ley 167, también conocido como Ley Comida Chatarra. El proyecto ya fue aprobado en dos debates de la Cámara, necesita de dos más en el Senado antes del 20 de junio. Si no se logra antes de esa fecha, nuevamente se hunde la iniciativa por falta de trámite legislativo, explicó Angélica María Claro.
 

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