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El relato de una transición de género en 71 minutos

07/09/2022
Por: Natalia Piedrahita Tamayo- Periodista

Se estrenó en salas colombianas el documental Si dios fuera mujer (2021), una producción en la que participaron varios egresados de la Facultad de Comunicaciones y Filología de la Universidad de Antioquia. La directora, Angélica Cervera Aguirre, habló del proceso de rodaje y la complejidad del cambio de género en las dimensiones personal, familiar y social.

Angélica Cervera Aguirre se focalizó en la experiencia de su prima adolescente Laura y logró desentrañar las diferencias en la mirada de niños y adultos sobre el tema de la diversidad. Foto:  Dirección de Comunicaciones/ Alejandra Uribe Fernández.

La realizadora audiovisual Angélica Cervera Aguirre estrenó en salas, en agosto, su documental Si dios fuera mujer (2021), la historia de su prima Laura, una niña de nueve años que decidió hacer un tránsito de género —antes era Óscar—, un proceso en el que la acompañan sus padres, que viven como inmigrantes en un pequeño pueblo de España.

El largometraje fue rodado a principios de 2018, aunque se necesitaron dos años para finalizarlo. En junio del año pasado el equipo de producción inició la promoción y ruta en los festivales de Sheffield, Reino Unido; Santiago, Chile; Nueva York, Estados Unidos, y en Colombia, en el Festival Internacional de Cine de Cartagena —FICCI— y en el Festival Miradas de Medellín.

Entre otros trabajos de Angélica, quien adelantó estudios de Periodismo en la Facultad de Comunicaciones y Filología de la Universidad de Antioquia, también se encuentran el híbrido documental/teatral Pecados capitalistas (2022) y algunos cortometrajes para televisión regional.

Cervera Aguirre se ha desempeñado como redactora de la Casa Editorial El Tiempo, el Festival Internacional de Teatro de Manizales y el Festival de Teatro Comfama San Ignacio. Hoy acompaña proyectos de formación de públicos y hace parte del jurado del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico —FDC—.

¿Cuál fue la situación que motivó la realización de la película?

Cuando Laura —anteriormente Óscar, un niño— dijo que quería convertirse en niña, mi familia vivió una crisis. Inicialmente, quise comenzar a mirar eso, sin algún fin. Todo sucedió en España, pero nos llegaba a Colombia por mensajes de WhatsApp o llamadas. Acá había llanto, culpas, negación y yo no tenía nada qué aportarle al drama. Todo era oscuro. En 2016, Laura iba a cumplir siete años y el drama llegó a un punto tal que ella dijo que, si iba a ser así, tan traumático, no lo iba a hacer. Los papás se habían separado, era como si les hubieran atravesado una daga, había mucho dolor. Pero cuando ella dijo eso se incrementó el drama: si era terrible el tránsito era peor cargar con la culpa de que no lo hiciera o de negarse algo. Mi familia es tradicional, católica, machista. Mi tío, su padre, el mismo que sugería que la solución era como que nos suicidáramos todos, un día fue y compró vestidos y pelucas para ambos, se tomaron una foto y la enviaron con el mensaje: ¿quién necesita la transición?

¿Y cómo entró en medio de esta situación su idea de rodar la película?

Llegaban más fotos y todo el mundo me decía: quiero verla, y con ello me llegaron muchas preguntas, pero no hacia mí sino hacia ella. En 2017, en el FICCI conocí a Alexander Arbeláez, David Correa y Manuel Villa, de Monociclo. Ahí comenzamos a hablar de la necesidad de rodar. Luego Laura vino a Colombia como Laura, para mí fue volverla a conocer. Hablé con los papás y les conté lo que quería hacer. Nunca nos interesó que la historia se centrara en el cambio de género sino en cómo transitan una persona o una familia, cómo esta familia tan tradicional decide deshacerse de una cantidad de prejuicios, contextos morales y estructuras hegemónicas y apoya a su hija más allá de todo lo que pueda implicar. Cuando Laura decidió hacer la primera comunión comencé a rodar, el simple deseo me dio el impulso de emprenderlo. Ella tenía nueve años y ya había hecho su transición.

Usted tenía mucho material, ¿cómo escogió las escenas y voces que harían parte del documental?

Tomar la decisión de no mostrar el tránsito desechó de entrada dos años de material. Quisimos mostrar a Laura hoy, siendo mujer y consecuente con lo que quiere, piensa y sueña. Y como reafirmación de esa decisión, lo que significó para ella hacer la primera comunión, que nada tuvo que ver con el ritual de pertenecer a una iglesia, sino con vestirse de mujer, de blanco, y decir: aquí me gradúo de mi tránsito, soy Laura. El material madre seguía siendo mucho. Creamos unas situaciones en las que se apreciaba cómo se sentían unos y otros ante los años y los tránsitos vividos. Cuando la familia aceptó el tránsito vinieron otros procesos: cambiar el nombre, la tarjeta de identidad, pero nadie tramitó sus emociones ni se sentó a decir: tengo miedo, dolor, estoy ansioso. Eso tuvo una incidencia en esta película. Tratamos de entender los espacios fílmicos, pero fue una decisión difícil de tomar.

El pueblo en el que viven en España, en la costa sur, tiene un entorno bello, es una playa, pero no era ese el interés. Fuimos directo a la historia y un poco a su contexto: en Europa también hay segregación, bullying y violencia. Siempre se han marginado a este tipo de personas, cuando algunos toman esta decisión la familia los exilia, lo cual puede implicar la pérdida de acceso a la educación y la alimentación.

Hablar con los niños no es sencillo. Es su prima, pero no estaban tan cerca, ¿cómo sorteó ese reto?

Cuando llegamos, llevábamos muchas preguntas hacia Laura y ella nos mostró que para ella y sus amigos no había tanto drama como para sus familiares y adultos cercanos. Los amigos conocen a Laura desde pequeña y saben que hay un tránsito, pero no lo ven de manera trágica. Mi diálogo con la situación fue orgánico porque los niños protagonistas del documental lo posibilitaron. Incluso, pude ver que a muy temprana edad uno ya es consciente de lo que quiere, quizás no para el resto de la vida, pero sí sabe cosas importantes. Y muchas veces los niños son anulados porque vivimos en un sistema en el que somos los adultos los que tomamos las decisiones y los que sabemos qué es bueno o qué es malo para ellos y estos no son escuchados.

Ella es Laura, personaje central de la película colombiana Si dios fuera mujer (2021). En su tránsito están implícitas las emociones de una familia entera. 

Uno cree que en España estas cosas son más aceptadas que en Colombia...

En el pueblo en el que viven había un grupo de viejitas que van a la iglesia y que los domingos se aparecían junto a su casa con un megáfono a decir que esa situación no era normal y que invitaban a los padres a ir a la iglesia para reconductuar a sus hijos. El miedo y la violencia con las personas no binarias es grande, su pelea para acceder a la salud existe. Siempre están en un limbo en el que todo es desgastante, en algún momento le negaron el ingreso a Laura a una biblioteca porque en su carné no existía claridad respecto al género. Me pregunto, ¿por qué importa el género de Laura si ella va es a buscar un libro? La angustia que viven los padres es impresionante. Hay un montón de culpas que la sociedad intenta poner en las personas y se llega a un tope de rechazo y de violencia intolerable. No hemos podido aprender de esto, no tiene que ser tan doloroso, a nadie debería afectarle tanto la transición de otro.

El tránsito de género no implica un daño en el otro a nivel de salud, ni intelectual, ni económicamente. Nos creemos con el derecho de autorizar o no al otro. Es, sobre todo, un miedo al afuera. Hemos hecho que estas personas entren en guerra con sus propios cuerpos. Porque muchas veces viven procesos de no aceptación cuando no deberíamos estar opinando para nada. Era ver a una niña pequeña muy consecuente con lo que quiere ser, que dio un salto que muchos de nosotros no hemos dado. Nos muestra también una de nuestras fisuras que es el miedo al cambio: de pareja, de trabajo, de casa, cosas materiales. También nos muestra cómo los adultos enredamos cosas que para los niños son más simples. Los niños pueden ser más empáticos y tranquilos. Hay cosas que requieren olvidarse del afuera.

Hubo una transición en ustedes. Ahora que realizó la película, ¿cómo los ve?

Normalmente, cuando una persona hace un tránsito este hecho se convierte en su cabeza. Es como si fuera lo único que los caracterizara. La película lo que muestra es que ese hecho hace parte de su vida privada pero que el ser humano no se agota en su género. La madre es la típica fuerza femenina que dice «a mí no me rompe nadie» y que cuida a la hija como felina. El papá es de los que cree que los hijos son una extensión del ser, sabía cómo iba a criar a su hijo hombre, pero no sabía cómo criar a su hija mujer. No hay que rechazar a la mamá o al papá porque no entienden, hay que pensar que la sociedad necesita también hacer el tránsito. Todos están tratando de acomodarse y de entender algo, de tramitar las emociones que ello genera.

¿Ellos le han dicho algo tras ver la película?

Laura nos dijo que gracias a este tipo de cosas algunas personas ya no los miran igual. La madre ya no se está enfrentando a las cuestiones del tránsito sino a los asuntos que vienen con la adolescencia: que es una niña rebelde o que quiere estar en la habitación encerrada. Para el padre fue diferente: ese mismo que se vistió de mujer con su hija a veces se va a un parque y llora con la fotografía del hijo perdido en la mano. Nos dijimos: esta niña atravesó y resolvió una situación muy grande que de haberse presentado en la adolescencia sería mucho más compleja. Nos asustan asuntos que no nos afectan directamente mientras los niños nos están mostrando otra forma de vivir mucho más tranquila y empática.

¿Qué desencadenó esta producción en usted?

A uno en los proyectos creativos lo mueve casi siempre una desazón suprema, un gran desencanto del mundo a nivel social, político, humano, y eso lo mueve a uno a crear. Esta película parte de ver a mi familia destruida, un momento muy doloroso, no por la muerte de alguien, sino por un resurgir de alguien. Y al final la película genera una sensación de esperanza. Hoy me mueve un enamoramiento hacia Laura, su increíble manera de ver la vida.

A partir de octubre Si dios fuera mujer podrá verse de manera gratuita en la plataforma de RtvcPlay. En el instagram de la película se estarán publicando las fechas exactas próximamente.

El documental Cantos que inundan el río
 

Otro egresado de la Facultad de Comunicaciones y Filología de la Universidad de Antioquia estrenó recientemente una producción. Se trata de Germán Arango, «Lukas Perro», director de Cantos que inundan el río, documental en el que se retrata la cotidianidad de la comunidad del pueblo afrodescendiente de Pogue, del municipio de Bojayá, Chocó, con la voz de Oneida, una cantaora que quiere acompañar a través del canto el tránsito de las almas de quienes fallecieron en la masacre de Bojayá, ocurrida el 2 de mayo de 2002.

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