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Sociedad

En una década Colombia será un país envejecido: directora del Dane

01/11/2022
Por: Ronal Castañeda Tabares - Periodista

La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró la década 2021-2030 como el decenio del envejecimiento saludable porque la humanidad y los países se enfrentarán a un nuevo reto: cada vez hay más adultos que viven más, por lo que se requiere un cambio en las políticas de los países. De esto habló Piedad Urdinola, directora del Dane, con el periódico Alma Mater. 

Fotografía de Piedad Urdinola, directora del Dane

Piedad Urdinola, directora de Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas —Dane—. Foto: Dirección de Comunicaciones / Maria Camila Monsalve Ardila. 

Una preocupación de la que cada vez se habla más son los retos que se vienen para Colombia en materia de envejecimiento. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística —Dane— maneja índices demográficos que muestran cómo la tasa de natalidad y mortalidad lleva varios años a la baja; en otras palabras, cada vez hay más colombianos adultos que viven más.   

Esto conlleva problemas a futuro en materia de deuda fiscal, mercado laboral, seguridad económica, cubrimiento de la salud, educación... De esto habló la economista y demógrafa Piedad Urdinola, actual directora del Dane, en la apertura del primer congreso nacional Retos del envejecimiento y la vejez en Colombia, realizado en la UdeA el 27 y 28 de octubre, donde explicó que Colombia se encuentra en una etapa de «transición demográfica», y pronto llegará a ser un país envejecido. Ella proyecta que en 10 años habrá 10 millones de personas mayores de 60 años —el censo más reciente (2019) indica que en la actualidad hay 7 412 407—.  

«No solo a los colombianos, es el mundo entero. Antes las poblaciones no eran en vejecidas, eran rejuvenecidas. Esto sucedió durante toda la historia de la humanidad como una transición demográfica, pasar de altas tasas de mortalidad y fecundidad; cuando esto sucede empezamos a ver esos cambios», le contó Urdinola al periódico Alma Mater en Medellín, ciudad que no había visitado hacía 10 años.  

Esa realidad también le llegó a Colombia. En una década, la mayor parte los ciudadanos adultos serán mayores de 60 años. El país necesariamente tendrá que cambiar las reglas de juego —conocidas como «contrato social»—, entre ellas, algunas no muy deseadas, como pagar más impuestos y trabajar hasta edades más avanzadas.

¿Cómo envejecían los colombianos y ahora cómo están envejeciendo?

No solo los colombianos, sino también el mundo entero. Antes las poblaciones no eran envejecidas, sino que eran rejuvenecidas. Por eso todos tenemos en la cabeza la imagen de la pirámide poblacional como una pirámide como las mayas o egipcias, en forma de triángulo. Esto sucedió así durante toda la historia de la humanidad hasta que llegó la transición demográfica, que es pasar de altas tasas de mortalidad y fecundidad a bajas tasas de mortalidad y fecundidad.
Cuando esto sucede, pues, empezamos a ver esos cambios de recomposición de edades, es decir, empieza a tener muchas más personas viviendo a edades más avanzadas en grandes números: eso es lo que conocemos como envejecimiento, y en paralelo la transición también nos trae que la gente quiere tener menos hijos cada vez. Entonces las pirámides pasan de ser ese triángulo a volverse un diamante y luego finalmente están invertidas.

El gráfico expone la tendencia hacia una pirámide invertida. En 2005 había más personas en la base, pero cada año la proporción demográfica cambia la figura a la forma de diamante —el grueso de la población en la mitad—. La proyección del Dane es que en 10 años la pirámide estará invertida. Fuente: Dane. 

¿Qué implicaciones tienen estos cambios en la transición demográfica? 

Esas son las etapas de la transición, el comienzo. Después, cuando se hace el gran cambio, como la caída de la mortalidad, la gente empieza a notarlo y entonces con un rezago viene esa caída en la fecundidad. En la mitad, que es justo en donde está ahora Colombia y que es esa forma de diamante de la pirámide —que conocemos como bono demográfico—, se da porque es precisamente ese engrosamiento en la cintura de la pirámide lo que nos está denotando que hay muchas más personas en edades laborales de 20 a 60 años y muchos menos dependientes. Ya la gente no tiene tantos hijos, por eso es menos ancha en la base la pirámide, y todavía no hemos llegado al envejecimiento, entonces todavía no hay suficientes adultos mayores.  

Eso es lo que conocemos como bono demográfico: el potencial de tener mucha más gente joven en capacidad productiva, de estar generando ingresos y, sobre todo, de personas con posibilidad de estar ahorrando para aprovechar ese bono demográfico. Más adelante, la última etapa, ya viene cuando ese ancho del diamante se nos sube hasta las edades más avanzadas y la base de la pirámide queda bien angosta, como si se invirtiera el triángulo que teníamos. Ahí lo que vamos a tener es muchísima gente más dependiente, igual que sucedía antes en etapas pre transicionales, pero en otras edades.  

Antes el grueso de la pirámide eran los niños pequeños los dependientes, ahora van a ser los adultos mayores, pero con el agravante de que ya no vamos a tener tanta población en edades jóvenes que puedan estar trabajando, generando estos ingresos, y generando estos ahorros. Probablemente lo que tengamos que hacer es ajustarnos a esa nueva realidad del envejecimiento.

¿Cómo nos afectaría entonces este cambio generacional que ahora ocurre? 

Claro, tiene muchísimas implicaciones. Muchas son sociales, otras son económicas. Desde el punto de vista fiscal, va a haber una mayor carga sobre el sistema de seguridad social. Recordemos que el sistema de seguridad social tiene dos componentes: salud y pensiones. La mayoría de la gente en envejecimiento tiene pensión, pero son las dos cosas y, de hecho, la mayor carga fiscal es sobre la salud, porque las enfermedades del envejecimiento son muy costosas: diabetes, hipertensión, todas las enfermedades coronarias, los cánceres, etc.  Todas esas enfermedades imponen esa carga fiscal al sistema, puesto que tienen tratamientos de largo plazo y son muy costosas.

Por un lado, hay una carga muy importante que se irá creciendo a medida en que vayamos envejeciendo y, por el otro, está el sistema pensional. Para ello el sistema tendrá que proveer las pensiones, pero recordemos que en Colombia, solamente un cuarto de la gente se está pensionando; o sea, tres cuartos de las edades en pensionarse no están recibiendo una pensión. El asunto es que en este momento son pocas porque todos somos una sociedad joven, pero a la vuelta de la década empezaremos a ser un país envejecido. Este va a ser un problema, si no hacemos algo, va a ser muy difícil porque no habrá una seguridad económica para todas estas personas.  

Usted es demógrafa de profesión, ¿cuál es la proyección que se tiene de esta población a futuro? ¿Cómo va a ser la calidad de vida del envejecimiento?  

Por eso el envejecimiento no es un tema exclusivo de quienes están envejeciendo. Porque quienes vamos a proveer esa sostenibilidad fiscal precisamente somos quienes vamos a estar trabajando. Esto se ha denominado dentro de la literatura como el «contrato social», porque va a ser un contrato entre generaciones, y esto es una realidad inevitable. Si miramos a los países que ya han entrado de lleno en este proceso, como Japón, Alemania, la mayoría de Europa occidental, han tenido que hacer es exactamente eso, reescribir ese contrato social.  

Las ganancias que hemos generado como humanidad en el último siglo de poder acceder a educación pública, salud pública ya no se pueden deshacer o desarmar solamente porque ahora tenemos estas nuevas presiones fiscales. Entonces, cuando se amplían las edades de cotización, se busca que los sistemas de seguridad social, tanto en salud como en pensiones, sean universales. Esto implica mayor carga impositiva, tanto en personas naturales como en personas jurídicas.  

Uno de los retos de la era del envejecimiento es la educación. Habrá que repensar los currículos de las universidades. ¿Cómo va a cambiar este sector en un futuro? 

No tiene nada que ver con el envejecimiento, pero es muy interesante el fenómeno de la robotización. Estamos viendo mayores demandas por acudir a toda esta población que no puede trabajar porque no puede ser autovalente. También se está dando en paralelo el proceso de robotización que va a suplir muchos trabajos que hoy en día tenemos en las universidades como profesiones comunes y corrientes que mucha gente demanda, pero que a la vuelta ya no se van a demandar, profesiones que van a suplir robots, máquinas o cualquier otro tipo de procesos robotizados.  

«Creo que nadie sabe qué va a pasar exactamente en el futuro, pero habrá una robotización del mercado laboral»: Piedad Urdinola, directora del Dane.  

Por eso el Gobierno Nacional ha hecho una apuesta muy grande en fortalecer todos los programas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas —STEM—, porque seguramente hacia allá van a ir la mayor parte de las demandas. Mientras que trabajos que son mucho más mecánicos, sobre todo aquellos de servicios básicos, se irán perdiendo.

Piensen ustedes: hace quince años siempre había una persona cuidando un parqueadero y ese era un trabajo. Hoy en día usted va y paga en una máquina. Incluso, ya la inteligencia artificial permite componer música y generar arte.

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