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Cartas de paz: palabras por la reconciliación

27/03/2024
Por: Johanna Pino Quiceno - Periodista

Gracias a una correspondencia, jóvenes de Nariño, Antioquia, y firmantes de paz tejieron un proceso de memoria y de reconciliación. Cart(a)grafías de la memoria: tejidos de reconciliación fue un proyecto liderado por el Grupo de Investigación Somos Palabra: formación y contextos de la Facultad de Educación. 

Evento de cierre, «Un paso a la vez. Familias conversan con firmantes de paz», realizado en mayo de 2023 en el municipio de Nariño, Antioquia. Fotos: cortesía.

«Ya conoces un poco sobre mí, cuéntame qué ha sido de tu vida, de dónde vienes y, aunque siento un poco de incomodidad, quisiera que me dijeras cómo terminaste siendo parte de la guerrilla, cómo fue que empezaste a recorrer esos caminos que te llevarían a cometer actos inhumanos y despiadados», son las palabras con las que Juan Esteban Cardona, joven de Nariño, municipio en Antioquia, inició la carta dirigida a una firmante de paz con la que tuvo una correspondencia que le permitió conocer la historia de la toma guerrillera, esa que a sus padres les ha costado narrar. 

El 30 de julio de 1999, cuando Juan Esteban todavía no había nacido, Nariño vivió una toma guerrillera en la que los sonidos de las bombas, las balas y los helicópteros se mantuvieron hasta el 1 de agosto. Las familias que vivieron aquel momento lo recuerdan con angustia y dolor; también con rabia y, sobre todo, con miedo. Es por esto por lo que, el 14 de febrero de 2020, cuando las fachadas de algunas viviendas amanecieron con las inscripciones del ELN, el transporte paró, el comercio cerró sus puertas y volvieron los recuerdos de aquel momento. Todo se trató de una broma… autoría de unos jóvenes a quienes no les tocó la toma. 

Fue allí cuando Diela Betancur, Mariana Palacio, Daniel Vélez y Estefanía Bedoya, integrantes del Grupo de Investigación Somos Palabra: formación y contextos de la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia, vieron la necesidad de consolidar un colectivo de jóvenes con «el objetivo de comprender los saberes y las prácticas vinculados a la construcción de memoria intergeneracional sobre el conflicto armado», detalló Diela, profesora y coordinadora de dicho grupo. Del 2021 al 2023, y a través de diversas metodologías de trabajo mediadas por el arte, los 17 jóvenes que aceptaron esta invitación abierta exploraron los hechos violentos de su municipio, el contexto resiliente de sus habitantes y los residuos de una guerra que no les tocó.  

Un ejercicio de memoria 
 

La posibilidad de intercambiar cartas con firmantes de paz llegaría gracias a uno de los talleres realizados en el marco de este proceso y, a su vez, derivaría en dos escenarios de diálogo: el encuentro entre víctimas del conflicto armado y los firmantes del Acuerdo de Paz, realizado el 27 de mayo de 2023 en la Institución Educativa Inmaculada Concepción, en Nariño, y un evento de ciudad donde conversaron los jóvenes del colectivo de memoria con algunos firmantes en el Museo Casa de la Memoria, en Medellín, el 30 de mayo del mismo año. 

«Yo me encontraba trabajando en la vereda Río Arriba, muy cerca de Nariño», escuchaba decir a su padre Senaida Carvajal, quien a sus 17 años no había conversado sobre este hecho con su familia. Por eso el proyecto no se trató solo de un diálogo con jóvenes, sino de un proceso que tocó a sus seres queridos por las preguntas que estos necesitaban resolver con sus mayores. A Senaida, por ejemplo, su padre le narró cómo logró llegar a la casa para asegurarse de que su esposa, con cuatro meses de embarazo, y su hija de cuatro años estaban bien. Y en la carta al firmante escribió: «Es muy duro detenerme a ver el rostro de mi madre, mientras mi padre cuenta todo esto sus ojos son como un barco a la deriva buscando la manera de terminar una conversación que apenas empezaba». 

Como ocurre recordando episodios de violencia, para los padres, hermanos, tías y demás familiares que vivieron la toma, este no es un tema del que les guste hablar. Además de revivir el sufrimiento de estar bajo el fuego, recuerdan las 16 personas que murieron y la mitad del pueblo que se desplazó. Óscar Sandoval compartió ese momento con los jóvenes del proyecto, entre los cuales estaba su hijo: «Las historias que él ha escuchado de mi boca nunca se las había contado porque no quisiera que un hijo mío viviera algo tan horrible. Uno como papá tiende siempre a proteger, no solo la vida, sino también la integridad psicológica de sus hijos» 

El cohesionar vínculos familiares fue, para la profesora Diela, uno de los hechos más valiosos en este proceso, donde los jóvenes buscaron a sus padres y abuelos para entablar una conversación que reconociera su pasado. Además, escucharon a personas que vivieron el conflicto desde otros lugares, en otros momentos y con otros sufrimientos. «También tuvimos varios invitados como Marleny Vélez, quien, junto con otras madres del municipio de Argelia y en un proceso acompañado por la Comisión de la Verdad, hizo un acercamiento muy valioso con alias “Karina” preguntando por los hijos desaparecidos de Argelia. Con el entonces alcalde de Nariño, Orlando Medina, quien narró el abandono del Estado y la desinformación por parte de los medios de comunicación», entre otras cosas, destacó.  

Las cartas y preguntas de los jóvenes también tuvieron respuestas: «Hola, Juan Esteban, gracias por tomarte el tiempo de escribir… Mi nombre es Francely Arias, soy firmante de paz… Cuando era niña veía mucha violencia por parte de las Fuerzas Militares contra mi familia. Buscaban a un tío que era algo lidioso, pero de paso maltrataban a mi abuelo y a mis primos hombres. Esto a mí me marcó demasiado. Cuando tenía 13 años fue peor: mataron a mi hermana de 17 años», son las palabras que concentran los primeros párrafos de la carta que recibió Juan Esteban. 

«No fue fácil… Me demoré mucho tiempo escribiendo esas líneas porque, de alguna manera, me ponía en el lugar de él y de esas personas que sufrieron y padecieron todo este tema del conflicto armado», contó Francely. Un asunto en el que coincide Marcos Urbano, firmante de paz quien comandó el frente urbano Jacobo Arenas del grupo guerrillero de las Farc, y coordinó la toma al municipio de Nariño. «Hace rato no escribía», y comentó que en sus cartas más que exponer experiencias o asuntos personales se esforzó por explicar el contexto de la guerra, la lucha social y las preguntas que surgen cuando escuchan a las víctimas del conflicto. 

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Ambos tienen hijos de las edades de Senaida y Juan Esteban, así como de los demás jóvenes de Nariño que participaron del proceso. «Reconoce uno lo emotivo de esa situación y más con estos pelaos, porque uno tiene hijos, entonces, se pone también desde esa perspectiva. Siempre el mensaje a nuestros hijos es: nosotros transitamos por la guerra muchos años y ese no es el camino, porque la guerra lo va consumiendo a uno y entra en un remolino donde la racionalidad se va perdiendo», mencionó Marcos. 

En el libro Cart(a)grafías de la memoria; tejidos de reconciliación —2023— quedaron las misivas de este proyecto de investigación. 

Otro lado de la humanidad 

«Eran personas normales», repitieron una y otra vez los jóvenes participantes del proyecto. El 6 de agosto de 2022, y después de un par de intercambios de cartas, llegaron a la Biblioteca Carlos Gaviria Díaz de la UdeA para conocer a los destinatarios de sus misivas y vieron a unas personas, hombres y mujeres, sentados a la espera de algo. Empezaron a cuestionarse a través de las miradas si aquellos seres eran los autores de los horrores narrados por sus familiares, y sí, fue enorme su sorpresa al ver que los firmantes «eran personas normales».  

Esta idea, que todavía pesa en los jóvenes al recordar los momentos más significativos del proceso, no es extraña para Marcos Urbano, «sobre nosotros hay una marca de dolor y de monstruosidad. Cuando uno conversa con la otra persona, ellos se van dando cuenta de que se cometieron errores, pero que estábamos en un escenario donde la guerra nos llevó a cometer muchas situaciones complejas en contra de familias pobres y todo. A mí me ha tocado pasar por eso, yo estuve detenido con paras —paramilitares—, gente de La Oficina, que éramos enemigos en la guerra. Pero cuando uno convive mira al otro desde el lado de la humanidad». 

Reconocer la humanidad del otro es, quizás, uno de los primeros resultados de este proceso, descrito por la profesora Diela como «el acercamiento que se da entre la comunidad de Nariño y los firmantes, donde aquella demanda procesos de memoria, perdón y reconciliación y en los que las familias se disponen a ese encuentro. Un segundo resultado tiene que ver con el ejercicio de memoria para sanar las heridas del linaje donde los jóvenes fungieron como mediadores, y el tercero, el lugar de la escritura que permite que los jóvenes dignifiquen los sufrimientos familiares y territoriales». 

«Juan Esteban, ustedes son y seguirán siendo el futuro nuestro, porque para construir la paz es necesario que los jóvenes se vinculen activamente a los espacios con su voz, como agentes de cambio. Infinitas gracias nuevamente por tu carta y por tu compromiso con la paz y la reconciliación de ese territorio tan olvidado. Sin más…»: Francely Arias.

Una vez pasaron los encuentros y talleres, Senaida reconoció que fue duro escuchar todas esas historias «que nos cuentan del pasado, que si bien no nos afectó tan directamente a nosotros, es de nuestra familia y la familia es todo para nosotros». Por eso, ahora que conocen la historia, Juan Esteban tiene más claridad: «Siento que pertenezco más. A mí no me tocó, es verdad, pero mediante esto conozco la historia de mis tíos, de mis hermanos; he visto cómo esto le duele a mi papá, cómo vuelve a retirar esas “costricas” que tiene en el alma. Y sé cuánto le pesan. Aunque no estuve ahí, sé el dolor que esto causó a toda mi familia». 

De este proceso liderado por el Grupo de Investigación Somos Palabra: formación y contextos, al que se vinculó el Instituto Popular de Capacitación y que apoyó la Fundación Universidad de Antioquia, quedó Cart(a)grafías de la memoria: tejidos de reconciliación —2023—, el libro donde reposan las misivas que intercambiaron los jóvenes y firmantes, mensajes que quedarán para la historia, la reconciliación y la construcción de paz. 

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