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Los vigías de los jardines universitarios

15/07/2022
Por: Natalia Piedrahita Tamayo- Periodista

Detrás de los árboles y flores que crecen en los jardines de la Universidad de Antioquia están las manos de un grupo de mujeres y hombres que se dedican pacientemente a su siembra, abono y mantenimiento. El verdor que enmarca la arquitectura de la Alma Máter en sus sedes de Medellín es fruto de la experticia y admirable pasión con que el equipo de jardineros hace su trabajo día a día. Su labor prodiga bienestar para todos los universitarios. 

El jardín del bloque 16, en el Campus Central, es uno de los que más transformaciones ha tenido en los últimos años. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe Fernández. 

Durante 22 años Lilia Taborda se ha dedicado al cuidado de los jardines de la Universidad de Antioquia. Hoy se siente orgullosa porque dice conocer en detalle las especies de plantas que crecen en ellos y el impacto que tienen en la sanidad de su entorno: purifican el aire, dan sombra, son alimento y casa de muchas especies, alegran al transeúnte. A ella le gustan las flores, en especial las ginger, más que por su notorio colorido, por su resistencia: «con que se les eche agua una o dos veces a la semana tienen para mantenerse bien», dice.

Ella recorre el Campus  con la sabiduría que le ha dejado el cuidado constante de las plantas que lo habitan. «La tierra debe estar siempre suelta para que agua y abono sean bien absorbidos —recalca—. Para eso una debe estar pendiente, debe aflojarla con el machete o la barra. Esta es una Universidad muy grande, pero nuestro grupo trabaja unido, coordinado y conoce muy bien el entorno y las necesidades de sus plantas».

Cuando Lilia llegó a trabajar por primera vez al Campus, solo una persona tenía contrato para la jardinería. Con el paso del tiempo ha sido testigo de la labor y el crecimiento del equipo, así como de los cambios en los espacios de la Universidad que hoy están reverdecidos.

El grupo de jardineros procura que no hayan áreas despobladas de vegetación. Esa tarea la hacen bajo la coordinación de Gustavo Ríos, ingeniero forestal y responsable del componente biótico de la División de Infraestructura Física de la UdeA. Pese a ello, tanto Ríos como otros líderes de esta apuesta institucional son unánimes en el reconocimiento de la experticia de los jardineros: «Ellos son grandes aliados, algunas veces proponen lo que se debe sembrar. Cada uno se apersona de su rol y nos hacen grandes aportes. Es como si hubieran estudiado cada espacio de cada bloque del Campus —cuenta Ríos—. En muchos aspectos ellos son nuestros guías, unos maestros».

Fotografía: Alejandra Uribe Fernández. 

En la Sede de Robledo el equipo de jardineros está actualmente conformado por Conrado Echavarría y Vitaliano Franco. En la Sede de Posgrados esta tarea está a cargo de Luis Carlos Dorado y Camilo Diez. De cuidar las plantas de las sedes de las áreas de la salud se encargan Clímaco Cano y Flor Elisa Taborda. Y, en la Ciudadela central, los jardineros son Lilia Taborda, John Tamayo, Ricardo Castaño, Óscar Betancur, Rodrigo Gallo, Wilder Durango Fredy Zuleta y Emilio Hurtado.

De acuerdo con Ana Mercedes Montoya Restrepo, líder de Gestión Ambiental de la División de Infraestructura Física de la institución, este grupo de jardineros está constituido por expertos en los jardines de la Universidad. «Son como nuestros ojos porque nos reportan las eventualidades y nos hacen recomendaciones muy acertadas. Se contratan a través de licitaciones anuales. Es un equipo con importantes saberes y trayectoria: ellos conocen el movimiento de las zonas verdes, la fauna que las habita y manejan muy bien el tema de paisajismo», aseguró .

Durante el lapso de la pandemia por la covid-19 y después de esta, se ha dado un evidente reverdecimiento en los jardines universitarios, en ello están implicados el amor y la constancia con los que este equipo cuidó el jardín contra viento y marea, ya que fueron de los pocos empleados de los espacios de la Universidad que trabajaron presencial e ininterrumpidamente durante el confinamiento. Esa pausa en el flujo de personas que transitaban el Campus les permitió plantar especies menores de jardín, con lo cual se recuperaron varios lugares degradados o con poca vegetación.

«Una de las transformaciones que he presenciado y más me ha impactado es la del bloque 16. Cuando llegué, hace tantos años, parecía una selva. Con el paso del tiempo hemos logrado unas siembras organizadas y que complementan bien el edificio», comentó Lilia Taborda.

Aunque el tema de la conservación siempre ha sido fundamental en la Universidad, el impacto visual de la silenciosa labor de los jardineros ha crecido en los últimos años. Todos los jardineros coinciden en que ahora la gente pregunta más y reconocen más su labor, hay mayor interacción con ellos. Cada tanto se acercan a preguntar por nombres de plantas o a pedir recomendaciones para sus jardines. 

De 24.3 hectáreas de la ciudadela universitaria, 10.3, es decir, el 40 %, corresponde a zonas verdes. En la actualidad crecen en esta 2833 árboles adultos —sin contar 60 que están en proceso de incorporación—. Cerca de 1100 orquídeas viven hoy en los tallos de varios árboles dominantes gracias a una gestión adelantada en el lapso de confinamiento. Las especies de flores más comunes son las aves de paraíso, las bromelias, los corales amarillos, rojos y blancos, los camarones, las verbenas rosadas y moradas y los anturios.

Protectores de la diversidad

Flor Elisa Taborda, una de las mujeres que cuida las plantas de la Ciudadela Universitaria. Fotografía: Alejandra Uribe Fernández. 

«En mi concepto el manejo del jardín no tiene tanto que ver con lo que muchos llaman "buena mano", sino con el cuidado: si siembro algo y no lo cuido, la mano no sirve, porque entonces se seca», asegura Flor Elisa Taborda, encargada de la jardinería en las sedes del área de la salud de la Universidad de Antioquia, en Medellín. Cada día piensa en que mientras más plantas siembre, más bienestar le entrega a sus hijos, nietos; a los conocidos y desconocidos y a la Tierra.

Flor Elisa sabe manejar la guadaña y la motosierra, sabe treparse a los árboles para podarlos, es una labor que disfruta, nunca ha tenido miedo de hacerlo. De las bellas imágenes que guarda de los jardines universitarios, le gustan los árboles caimos, sobre todo los que están en la circunvalar, frente al parqueadero del Museo Universitario; también las bromelias: «para ser tan bella es de fácil cuidado, se planta una raíz con un pedacito de capacho de coco y una tripa e´ pollo o tira y con eso tiene para prosperar».

El mantenimiento de flores y de hierbas le ha permitido, además, un relacionamiento con la fauna que transita el Campus. Ha encontrado culebras, iguanas, insectos, zarigüeyas, lagartijas... Recuerda con cariño sus visitas de las sedes y seccionales institucionales, en las que ha apoyado acciones de jardinería especiales; sin embargo, fue en Ciudadela central donde tuvo uno de los encuentros más significativos de su vida.

Ese encuentro fue hace seis años, cuando llegó al área de aseo y sostenimiento del Campus central. En un árbol muy alto, ubicado detrás del Museo, vio que un pequeño búho estaba atrapado entre las ramas. Los estudiantes y profesores que pasaban por la zona llevaban varios días preocupados por sus quejidos: «No tenía escalera ni ningún dispositivo para subir y no sabía cómo actuar, pero sentí que alguien tenía que ayudarle a salir de esa situación y esa persona podía ser yo».

Se trepó como pudo. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, le hizo campo en su ancha camiseta y movió levemente la rama que le atoraba el ala para que él pudiera caer sin lastimarse en esta tela. Descendió sigilosamente, protegiendo a la pequeña criatura, que esperaban en tierra varios espectadores, preocupados por su estado de salud. «Sobrevivió y hoy es una de las historias que recuerdo con más cariño. La gente me abrazaba. Ese es uno de los momentos que más feliz me han hecho en este Campus. Yo tenía el corazón lleno porque pude ayudarle a ese animal».

Cuidar el jardín 

Fotografía: Alejandra Uribe Fernández. 

El sostenimiento de zonas verdes se da a partir de una rotación o ciclo aproximado de 26 días y tiene tres pilares. El primeros es el mantenimiento —deshierbe, planteo, retiro de hojas secas, control de plagas, fertilización foliar o radicular, podas de ramas- el establecimiento—; con ello, se da el control visual o planeación de jardineras. El segundo pilar es el establecimiento de nuevos jardines o paisajismo. Y, finalmente, la instauración de nuevas obras civiles en zonas de recreación o dispersión. Se mantiene especial atención en la recuperación de zonas degradadas.

Muchas veces las intervenciones están encaminadas a remediar situaciones de erosión o pérdida de plantas, que se presentan en el Campus. «Lo primero es ir al sitio y mirar la viabilidad de plantar determinada especie. Esto lo hacemos a partir de una lectura del lugar y las condiciones medioambientales tales como: diponibilidad de luz, sombra, requerimientos de agua, área a intervenir, entre otros. En ciertos espacios de la Ciudadela central plantamos las más resistentes, como cactus o bromelias. El equipo de jardineros es la guía para saber cuáles especies pueden prosperar en determinado espacio», señaló Ríos. 

En los últimos años este equipo ha incursionado, con cierto temor, en la siembra de jardines de flores, debido a que algunas personas que visitan el Campus arrancan esquejes o piecitos de las plantas, lo cual deteriora el jardín. «Es importante que la comunidad universitaria sea consciente de la gran inversión de recursos y energía que se deposita en los jardines, son compras muy altas para el beneficio colectivo, nadie debería llevárselas. El Campus ha cambiado: nos da mucha alegría recorrer los jardines y ver en ellos la labor de nuestro equipo de trabajo, sin embargo, necesitamos que se incremente el respeto por los espacios verdes», recalcó Montoya Restrepo.

Las zonas verdes universitarias se dividen en dos: especies menores y arbolado. Internamente se le ha dado prelación a la siembra de especies vulnerables y o atrayentes de avifauna y, en las últimas siembras, se han incorporado diversas especies nativas. Los recambios de plantas siempre se dan con el objetivo de mantener la proporción del 40 % de zonas verdes en el Campus. 

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