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Opinión

Frente al terror... ¡universitarios!

08/09/2020
Por: Lina María Carrillo Bonilla. Profesora de la Facultad de Ciencias Agrarias. Integrante de la junta directiva de Asoprudea.

El camino no ha sido ni será fácil, pero es el compromiso exigido por este momento histórico. Todas las áreas y campos del conocimiento pueden aportar a este bien, a la búsqueda de la justicia, a la reconciliación entre nosotros, con la naturaleza y sus animales.

El aumento de masacres, el exterminio sistemático de líderes sociales, el regreso del desplazamiento forzado, la profundización de la pobreza; demuestran el aumento de la crisis de una sociedad que ha forjado sus bases en la desigualdad, que ha necesitado desarrollar políticas públicas inmorales en donde prima la protección a la ganancia sobre el bienestar humano.

Esta lógica, aunque global, es más agresiva en países como Colombia, permeado por el narcotráfico, la corrupción y la violencia que han corroído todo, desde el poder estatal hasta la cultura de los pueblos. En nuestra historia reciente un acuerdo de paz, que como una de las pocas promesas cumplidas por el Gobierno actual se ha vuelto trizas, y con ello territorios en disputa, disidentes en armas y esperanzas enterradas.

El incumplimiento del acuerdo de paz aviva el fuego de los conflictos sociales, que tiene a la inequidad como eje central. A esta caldera se suma la crisis de la pandemia, tiempos aún más difíciles se avizoran y pareciera que no hay esperanzas. Nada parece parar la nueva ola de masacres, un círculo violento infinito, alimentado por las fake news, el resentimiento, el odio como política y la cultura mafiosa y neoliberal.

Pero, a pesar de todo, es hoy más que nunca cuando debemos enarbolar el espíritu universitario, un espíritu crítico, humano científico y transformador.Pero también solidario, amoroso y sanador. Necesitamos reconciliar estos valores y recuperarlos dentro de la universidad para llevarlos a la sociedad. No es hora de pensar en la competencia, en el beneficio personal, es hora del debate de ideas y propuestas, de la movilización social en grandes asambleas de profesores, de claustros atiborrados, de reuniones con estudiantes, de desplegar la creatividad de tal manera que se contribuya a construir otra historia.

La universidad ha tenido un importante papel para torcer la historia, tanto para bien, como lamentablemente para mal —por mencionar lo ocurrido durante el ascenso del nazismo y el fascismo en Alemania e Italia—, así como tuvo también un conocido protagonismo durante la revolución cultural de los años sesenta. Y ahora que vemos el resurgimiento de nuevos fascismos, debemos analizar profundamente cuál papel está cumpliendo la universidad.

Las grandes crisis deben traer grandes transformaciones, nuevos aires que le den oxígeno al planeta, nuevas energías que revitalizan la esperanza, nuevas ideas y lógicas que permitan la vida en plenitud para todos y todas sin distinción de clase, raza, género, edad o religión. Que las palabras hambruna, masacres y violación hagan parte de los anaqueles de la historia.

Podría ser una plegaria tal vez al vacío, tan reiterada que parece que ha perdido su valor, pero quizá como avatares nos llenemos de valor para hacerlas realidad. El camino no ha sido ni será fácil, pero es el compromiso exigido por este momento histórico. Todas las áreas y campos del conocimiento pueden aportar a este bien, a la búsqueda de la justicia, a la reconciliación entre nosotros, con la naturaleza y sus animales; ninguna iniciativa en este sentido es menor, sobre todo si sale de la lógica del faro —la universidad lo ilumina todo— y adentra en la de la comunión —una relación dialéctica con la sociedad—. En síntesis, un encuentro entre cultura, naturaleza y sociedad.

El tiempo no parara y en el futuro, cuando un joven —que podría ser su nieto— pregunte: «¿y en esas horas de muerte y de horror qué hacían los universitarios de la de Antioquia?», ¿qué quisiera responder usted?

Lectura sugerida
La línea interrumpida de los sueños: diez días de muerte, guerra y dolor en Colombia.
Comunicado emitido el 20 de agosto de 2020 por la Asamblea General de Profesores de la Universidad de Antioquia. 

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