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Retornar al alma de las historias

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04/02/2019
Por: Natalia Piedrahita Tamayo- UdeA Noticias

A través del periodismo, Patricia Nieto Nieto se ha acercado a voces que han sido sepultadas, develando el lenguaje de los que callan. Como docente y cronista ha reivindicado la ética como fundamento de las ciencias humanas. Por esto y más, cuenta con un nuevo reconocimiento: el LASA Media Award 2019.


Fotografías cortesía Natalia Botero Oliver. 

En los libros de la profesora Patricia Nieto se leen las voces de los colombianos, entre ellas las de personas que han padecido el conflicto armado, que se han tenido que desplazar o que han vivido en los márgenes de las ciudades. 

Sus relatos evidencian la resistencia de las víctimas colombianas, historias que abarcan desde lo local hasta lo universal, alcanzando eco en Latinoamérica y el mundo, por eso la Asociación de Estudios Latinoamericanos -LASA, integrada por 12.000 académicos de diferentes áreas de las ciencias sociales, ha galardonado su aporte al análisis de contextos de justicia e inclusión en América Latina.

Las voces de 'los otros'

Cuando Patricia Nieto comenzó a ejercer el periodismo, después de egresar del programa de Comunicación Social- Periodismo de la Facultad de Comunicaciones, en 1990, llegó al periódico El Mundo. Allí, en una sala de redacción entonces joven, emprendió sus narraciones sobre la Medellín periférica, que apenas comenzaba a conocer. 

Asegura que ese periódico fue para ella una escuela que le permitió acercarse de primera mano a las dinámicas y los contextos de una ciudad ignorada, que crecía de espaldas a los intereses del gobierno: «Eran poblaciones de campesinos migrantes que, años después, comenzaron a ser nombrados ‘desplazados’, pero que en ese momento no se nombraban así», explica. 

Ese fue el primer hallazgo que marcó su sensibilidad y su vocación. Luego, escribiendo para la revista La Hoja, tuvo tiempo para preguntarse más profundamente sobre su proceso de escritura, ya que no tenía el peso de tener que publicar a diario; entonces fue sumergiéndose en el periodismo investigativo que le permitiría encontrar palabras más precisas para narrar esa ciudad de 'los otros'.

Pero esa misma búsqueda de entender los diversos contextos de ciudad la traerían de vuelta a su Alma Máter, más concretamente al Instituto de Estudios Políticos, a la par que cursaba la maestría en Ciencia Política. Estando allí se dio un hecho que marcó su labor, sobre el que, tras haberlo conocido, decidió no escribir: la explosión del oleoducto de la vereda Machuca, en el municipio de Segovia, hecho en el que murieron más de ochenta personas. 

«Todo allí olía a hollín, todo se veía negro, hasta las vacas y gallinas estaban quemadas», recuerda. Habló con los habitantes de la vereda, recorrió la zona, miró asombrada la desolación y, al llegar a redactar después de escuchar por segunda vez los testimonios, decidió que no escribiría al respecto. 

«Me pregunté si esas personas luego iban a recordar lo que me habían dicho, ya que cuando los entrevisté estaban en estado de pánico. ¿Qué hago entonces con esas palabras?, ¿las meto en un reportaje?, ¿las olvido y digo mi versión?». Esas preguntas orientarían unos años más tarde su labor como compiladora de tres volúmenes de relatos autobiográficos de víctimas: Jamás olvidaré tu nombre (2006), El cielo no me abandona (2007) y Donde pisé aún crece la hierba (2011). 

Así, la tragedia de Machuca le señaló el camino para convocar a personas de Medellín que pasaron por relatos traumáticos, para ayudarles a poner en palabras sus experiencias. «Estos ejercicios no sanan a la víctima, pero sí ayudan a elaborar una valoración de una experiencia personal desde otro ángulo, porque cuando pones el dolor en un objeto, a una distancia física, se genera una liberación». Además, destaca que más allá del contenido editorial, estos libros permitieron que niños y jóvenes reconocieran las historias de sus barrios, ya que fueron trabajados pedagógicamente en varios colegios y bibliotecas de Medellín. 

Su inmersión en la práctica sociocultural de una comunidad de Puerto Berrío, Antioquia, que acoge los cadáveres de cuerpos no identificados y les dan sepultura, derivó en la publicación del libro Los escogidos, en el que explora la experiencia del periodista como vocero. Sobre esta obra, destaca el maestro Alberto Salcedo Ramos: «Es un texto que está en tránsito hacia lo clásico, una obra de la que siempre se va a hablar en Colombia, está en la biblioteca de los grandes aportes del periodismo narrativo, en cualquier idioma y cualquier época».

En ese lugar del Magdalena Medio encontró en un cementerio, un grito contundente, no para las campañas mediáticas, sino para el caminante que pasa por allí y lo ve: «En ese lugar se materializa una manera de denunciar y resistir. Es un acto de compasión, que nos da una lección porque estas personas no saben a quién están enterrando. Hay allí una dimensión de la misericordia que se evidencia en los rituales íntimos y escapa a lo masivo», explica. 

También es autora de los libros: El sudor de tu frente (1998), Llanto en el Paraíso. Crónicas de la guerra en Colombia (2008) y Los escogidos (2012); coautora de Medellín secreto (2000), Me gustaba mucho tu sonrisa (2007) Relatos de una cierta mirada: El acontecimiento, la fotografía y el sentido (2011). Varios de sus relatos han sido publicados en Cambio, Cromos, Soho, El Espectador y la Revista Universidad de Antioquia, entre otras publicaciones.

Entre el periodismo y su enseñanza

Patricia Nieto llegó al pregrado de Periodismo con la primera cohorte de estudiantes, en el año 2002, y desde ese momento ha sido testigo del desarrollo del programa y de la labor de muchos egresados que con ‘las uñas’ han sacado adelante valiosos proyectos que hoy hacen parte de la memoria colectiva de Medellín. 

Allí ha sido, además de profesora y asesora, coordinadora del periódico De La Urbe, laboratorio de los narradores de la Facultad de Comunicaciones.

Los estudiantes siempre le ponen retos, en muchas ocasiones porque asumen sus ejercicios de clase con gran pasión. Sin embargo, los ve también como unos mensajeros que conocen a sus comunidades, algunos de zonas rurales y otros, de las ciudades.  

Ella les orienta desde su experiencia pero sabe que no existe una fórmula precisa para narrar; que encontrar las palabras, hilar sus significados, es una labor que requiere de coraje y dedicación: «puede que las historias nos encuentren o encontremos a las historias, sin embargo, hay que trabajar constantemente en la reportería para identificar cómo contar ética y verídicamente una historia»

Sobre el desarrollo del periodismo en Colombia destaca que existen iniciativas que se alejan de la necesidad de impacto en redes y el rating y se instalan en proyectos colaborativos de gran repercusión cultural, no necesariamente en un texto editorial. «Conozco a varios pero están muy solos y a menudo lo hacen desde la precariedad económica», denuncia.

Asegura que es en este contexto en el que se da la posibilidad de indagar la realidad más allá de lo meramente evidente: «Las condiciones del mercado marcan para muchos la imposibilidad de hacerlo, pero sería interesante que se entendiera el periodismo como ejercicio intelectual liberador del pensamiento, que puede generar relatos que buscan el bien común del ciudadano, la creatividad». 

En la actualidad, Patricia es la directora de la Editorial Universidad de Antioquia y directora de Hacemos Memoria, programa de Deutsche Welle Akademie y la Alma Máter. 

Un galardón inesperado 

Dice que este galardón es un reconocimiento inesperado, que no viene del periodismo, sino de una organización de estudiosos de ciencias sociales de América Latina. De hecho, no sabía que la habían postulado. 

Su labor periodística ha sido ensalzada en varias ocasiones: fue ganadora del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (1996), del Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí (1992), del Premio Nacional de Cultura (2008 y del Premio Manuel del Socorro Rodríguez (2016), entre otros.

La importancia del reconocimiento trasciende su obra y es también para la academia, en sus palabras. «Es una valoración de la labor periodística como fuente de conocimiento y no solo de información. Para la Universidad de Antioquia es importante porque tenemos el único pregrado de periodismo con sus características, es un pregrado que va teniendo una historia en el país»

El galardón será entregado en el XXXVII Congreso Internacional de la Asociación LASA 2019 Nuestra América: Justice and Inclusion, en mayo de 2019. 

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