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Pablo Montoya, un escritor en la biblioteca

18/02/2016
Por: Alejandra Vergara - Sitema de Bibliotecas

El profesor Pablo Montoya Campuzano, ganador del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos en 2015, es el invitado del mes de febrero en el programa “Día del Investigador” del Sistema de Bibliotecas, el próximo viernes 26 de febrero.

Por la literatura yo siento un gran cariño, un gran amor, encuentro en los libros compañía, consuelo, un permanente entusiasmo. Siento que los libros avivan profundamente mi curiosidad por la vida, el pasado, el presente y las posibilidades del futuro”: Pablo Montoya. 

El profesor Pablo Montoya mezcla el gusto por la historia, la investigación académica y la producción literaria a partir de la rigurosidad, una experiencia de trabajo que invita a conocer su historia personal.   

Noveno entre once hermanos, Pablo Montoya cursó sus estudios secundarios en el desaparecido Liceo Antioqueño, donde se destacó siempre por ser uno de los mejores estudiantes, tanto que al finalizar sus estudios le fue otorgado el premio Fidel Cano al mejor bachiller, razón por la cual, en 1982 ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia sin necesidad de presentar el examen de admisión. 

Aunque empezó esta carrera más por un mandato familiar que por vocación propia, allí estudió cuatro semestres mientras aprendía las virtudes de la flauta traversa y no se demoró mucho en tomar la decisión de renunciar a su futuro como médico para atender el llamado del arte e irse a estudiar a la Escuela Superior de Música de Tunja. 

“Mi padre, más que nadie, se sintió indignado. Dejar la Medicina y su porvenir prometedor y cambiarlo por un extravío de serenatas y conciertos era prueba suficiente de que estaba insano”, contaría treinta años después durante la recepción del Escudo de Oro que le otorgó la Universidad de Antioquia en 2015.

Aprovechando su estadía en Tunja y mientras se desarrollaba como músico, estudió Filosofía y Letras en la Universidad Santo Tomás de Aquino en Bogotá, para luego irse a París a hacer una maestría y un doctorado en Estudios Hispánicos y Latinoamericanos en la Universidad de la Sorbonne Nouvelle, París III. Fue en tierras extranjeras donde a partir de la realización de sus tesis, Pablo empezó a interesarse en el arte de investigar.

¿Cómo surge ese interés por la investigación? 

"Cuando empecé a escribir cuentos, siendo estudiante de música, ahí ya estaba empleando técnicas de investigación pero sin saberlo; estaba leyendo historias sobre la música, sobre los músicos que recreaba en los cuentos, estaba informándome para crear esos relatos. Pero es en el seno de la academia universitaria donde empiezo a hacerme consciente de los procesos de investigación. Posteriormente, durante la realización de mi tesis doctoral en La Universidad de La Sorbona, es donde me afianzo y empiezo a conocer con rigor todo el asunto de la investigación, pues la manera en que investigué fue una muy francesa, enciclopédica, abarcadora y totalizante".

A Francia se fue, entre muchas otras razones, huyendo de la violencia que vivía Colombia a finales de los años 80. Pablo hace parte de una generación que, como él mismo ha dicho, “ha atravesado un campo minado en el que la vida no ha tenido valor... en el que la violencia ha caído sobre nosotros como un animal hambriento”, una generación de exiliados que tuvo que abrirse paso en otras latitudes. ¿Cómo fue vivir París? 

"Al principio fue muy difícil, tocar música en el metro, repartir afiches, volantes, cuidar niños, pasear perros, lavar baños, hacer aseo. Mejor dicho, el primer trabajo que tuve allá fue tocar la flauta ilegalmente en el metro y el último fue como profesor invitado en La Sorbona, pero fue un proceso de casi 15 años que significó mucha lucha, problemas e incertidumbres, pero que me ayudaron a crecer mucho". 

¿Por qué volvió?

"Acepté venir a Medellín y a la Universidad de Antioquia porque pensé -y creo que no me equivoqué- que aquí podía construir una trinchera que me protegiera de las incertidumbres económicas, que me permitiera proyectarme socialmente a través de mi rol como profesor de Literatura, y que al mismo tiempo me permitiera seguir escribiendo. Aunque la ciudad es difícil, complicada y a veces me aburre por lo agitada y caótica, es la ciudad donde yo he logrado escribir una buena parte de mi obra; por su parte, la Universidad me da mucha movilidad y es aquí donde tengo mi proyección social y literaria. Además me gusta el clima".

Fue en París donde, haciendo su tesis y tratando de rastrear toda la obra de Alejo Carpentier para relacionarla con la música, empezó a estudiar y a trabajar sobre los vínculos entre la música y la literatura a lo largo de la historia, sin duda una apuesta ambiciosa pero que demuestra su inmensa curiosidad e interés por investigar.

¿Cómo se diferencia la investigación que hace para la academia de la que hace para escribir sus novelas? 

"Lo primero en ambos casos es que siempre parto de la misma base que es la rigurosidad, ahora, cuando escribo un artículo académico estoy partiendo de la objetividad, del dato preciso que propone la investigación; en la faceta del escritor que escribe novelas que exigen una investigación previa, parto de la exactitud histórica, temporal y espacial, pero hago toda la investigación consciente de que lo que estoy escribiendo es ficción, entonces paso todo por el filtro de la imaginación". 

A Colombia volvió en 2002 y desde entonces se ha desempeñado como docente de Literatura. Actualmente dicta clases de literatura colombiana del siglo XX, literatura latinoamericana del siglo XX y literatura francesa de los siglos XIX y XX en la Universidad de Antioquia. Desde su llegada a la Alma Máter ha participado en varios proyectos de investigación estudiando la función social del escritor, al tiempo que ha escrito múltiples artículos sobre literatura colombiana. ¿Cómo equilibra la docencia y la escritura para no descuidar ninguna?

"Hace 15 años que vivo de la enseñanza de la literatura, yo me gano la vida así. Si viviera de mis libros me dedicaría únicamente a eso, pero como vivo del oficio de ser profesor, debo dedicarle tiempo, eso sí, trato de ser muy disciplinado y riguroso para tener tiempo suficiente para mi escritura, así que lo que he hecho es organizar una agenda, no extraviarme mucho en otras tareas ni meterme en demasiados proyectos para así dedicar el resto del tiempo a la escritura. No soy bohemio, no me meto en reuniones literarias, vivo entre la casa y la universidad, tratando de organizar todo porque si no tuviera ese método y esa disciplina jamás hubiese escrito lo que he escrito, y jamás hubiese podido llamar la atención de la crítica literaria".

Más de veinte títulos publicados, entre cuentos, poemas, ensayos y novelas le han merecido a este profesor múltiples premios y reconocimientos a lo largo de su carrera, entre ellos se encuentran el primer Premio del Concurso Nacional de Cuento “Germán Vargas” en 1993, el Premio de Autores Antioqueños en el año 2000 por su libro Habitantes, y más recientemente, el Premio Rómulo Gallegos en 2015 por la novela Tríptico de la Infamia.

Durante el discurso en la entrega del Rómulo Gallegos usted dijo que le gustaba concebir a sus personajes como seres que “intentan crear en medio de ámbitos turbulentos y represivos”. ¿Podría decirse que a usted le gusta crear en ambientes similares o prefiere hacerlo desde uno más tranquilo y seguro?

"Es posible que ahora esté escribiendo desde un lugar más tranquilo, pero no me olvido de que vivo en un mundo a punto de desbaratarse, y es por eso que siento que escribir ahora es hacerlo en una época más crítica y turbulenta, donde vemos todos los problemas que hay y los que se avecinan. Yo siento que cuando escribo estoy cargando el mundo encima, escribiendo me siento como un Atlas flaco".

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