Teclas de Ayuda de acceso Rápido

ALT + 1 Inicio

ALT + 2 Noticias

ALT + 3 Mapa de sitio

ALT + 4 Búsqueda

ALT + 5 Preguntas frecuentes

ALT + 6 Atención al ciudadano

ALT + 7 Quejas y reclamos

ALT + 8 Iniciar Sesión

ALT + 9 Directorio telefónico

Botones de Accesibilidad

Letra:

Contraste:

Esp
martes, 22 de octubre 2019
22/10/2019
Síguenos

Opinión

UdeA Noticias
Opinión

Pensar contra el mal

16/05/2019
Por: Universidad de Antioquia

« ...No salimos de la violencia. El lenguaje de algunos políticos, periodistas y de millones de usuarios en las redes está atrapado por el odio, la intolerancia, la sed de venganza...»

¿Por qué nuestra democracia está en peligro? Una sociedad democrática está en peligro cuando algunos de sus líderes atacan a sus críticos o adversarios con términos provocativos y agresivos. Fujimori vinculó a sus oponentes con el terrorismo y el tráfico de drogas. Berlusconi atacó a los jueces que actuaban contra él como terroristas. Álvaro Uribe expresó sus más altos valores políticos cuando dijo: “Yo prefiero ochenta veces al guerrillero en armas que al sicariato moral difamando, ¡sicario!... ¡sicario!... ¡sicario!”.

Es un ataque radical, que obtiene inmediatamente una gran irradiación mediante las redes sociales, y así un amplio respaldo por una parte de la opinión pública. El camino de la difamación que inicia el ataque y el hecho de que esta opinión pública comparta la perspectiva del gran magnetizador de que la izquierda es una banda de sicarios, convierte en un asunto fácil la justificación de acciones contra ellos.

Si los ciudadanos de cualquier tendencia política están abiertos a discursos violentos, los elogian, los reproducen en las redes, los llevan hasta la familia, entonces, la democracia está en serias dificultades. La democracia supone la confrontación entre rivales partidistas. Cuando la democracia desciende al infierno de la violencia, incluso hasta en el propio Congreso de la República, las partes opuestas se ven una a la otra como enemigos mortales.

No salimos de la violencia. El lenguaje de algunos políticos, periodistas y de millones de usuarios en las redes está atrapado por el odio, la intolerancia, la sed de venganza. Ven al otro como un enemigo al que hay que destruir, no como un rival con quien construir consensos. El lenguaje de la vulgaridad, la banalidad de los memes y videos, el uso soez del español, son el medio para aumentar la contradicción, el enervamiento.

¿Cómo enfrentar esta política polarizada que ve al otro como un enemigo absoluto? En Eichmann en Jerusalén, Hannah Arendt propone a “pensar contra el mal”. Al referirse a Adolf Eichmann, dice la filósofa alemana que “la única característica específica que se podía detectar en su pasado era algo enteramente negativo, no era estupidez, sino una curiosa y absolutamente auténtica incapacidad para pensar” (2007). Este es el asunto: la auténtica incapacidad para pensar.

El mal consiste en la producción organizada de grandes atrocidades: los crímenes de los nazis, Kosovo, Ruanda, los paramilitares, las Farc, los falsos positivos. La sombra del mal irradia en la historia. Goethe la denominó lo demoníaco. “Cuando más terriblemente se presenta lo demoníaco es al emerger en algún hombre, predominando en él. Todas las fuerzas morales unidas no pueden nada contra él, aun cuando la parte más lúcida de los hombres reconociera en él al embaucador. La masa se siente atraída por ellos” (Goethe, Poesía y verdad).

Contra todo esto, “la pregunta que surge es si el pensar puede evitar el mal, si puede ser un antídoto contra la violencia extrema” (Cristina Sánchez, Cartografías del Mal, Siglo del Hombre Editores). Es una pregunta filosófica radical, cómo el hombre en virtud de su capacidad para pensar podría hacer algo para que el mal no se imponga sobre la sociedad.

Este texto fue publicado en el periódico El Colombiano el martes 30 de abril de 2019


Nota

Este es el espacio de opinión del Portal Universitario, destinado a columnistas que voluntariamente expresan sus posturas sobre temáticas elegidas por ellos mismos. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores y no reflejan una opinión o posición institucional de la Universidad de Antioquia.

 

 
Correo del contacto
[57+4] 219 8332
54d4db3244a5e15c6a21152b_logo-renata.png
54d4db5924c957e253bd5fa5_logo-ruana.png
54d4db63ae77e15e6afe94a0_logo-universia.png
54d4db6add1988d75368ecff_logo-icetex.png
54d4db7744a5e15c6a211531_logo-colombiaprende.png
54d4db7edd1988d75368ed05_logo-gobiernolinea.png
54d4db86dd1988d75368ed09_logo-canalu.png
54d4db9644a5e15c6a211534_logo-cis.png
54d4db9d44a5e15c6a211535_logo-colciencias.png
54d4dba444a5e15c6a211539_logo-ips.png
Sistema Único de Información de Trámites - SUIT
54d4dbb7ae77e15e6afe94a4_logo-redemprendia.png
54d4dbbfdd1988d75368ed14_logo-colombia.png
Fundación Universidad de Antioquia
No + filas
No + filas
ORACLE
Hacemos Memoria
Universidad de Antioquia | Vigilada Mineducación | Acreditación institucional hasta el 2022 | NIT 890980040-8
Recepción de correspondencia: calle 70 No. 52 - 21 | Apartado Aéreo 1226 | Dirección: calle 67 No. 53 - 108 | Horario de atención
Conmutador: [57+4] 219 8332 | Línea gratuita de atención al ciudadano: 018000 416384 | Fax: [57+4] 263 8282
Peticiones, quejas, reclamos, sugerencias, denuncias, consultas y felicitaciones
Política de tratamiento de datos personales
Medellín - Colombia | Todos los Derechos Reservados © 2018