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La Biblioteca ¿de la Nación?

14/03/2019
Por: Natalia Duque Cardona, profesora Escuela Interamericana de Bibliotecología UdeA

« ... Hay más de 1500 razones para continuar las luchas políticas e intelectuales que permitan seguir avanzado en la constitución de la biblioteca como un dispositivo cultural en el cual sus tecnologías de poder estén a favor de mecanismos de emancipación que nos permitan, a partir del conocimiento y reconocimiento de la memoria, encontrar nuevas formas de ser y estar como sociedad ...»


Hace ya dos semanas el Gobierno actual solicitó la renuncia protocolaria a los directores de tres de las más importantes infraestructuras culturales del país: Museo Nacional, Archivo General de la Nación y Biblioteca Nacional de Colombia, este hecho generó un sobresalto al sector de la cultura, la educación y la información.

En el caso particular de Dirección de la Biblioteca Nacional, bibliotecarios, organizaciones sociales, maestros, gestores culturales y sobre todo los lectores y los usuarios de las bibliotecas públicas del país, estuvieron en vilo de lo que pudiera acontecer, una vez que la Biblioteca Nacional de Colombia ha logrado consolidar una Red Nacional con 1500 Bibliotecas Públicas en todo el territorio nacional que se ha sumado a fortalecer el tejido social en un país con ineludibles retos en materia de memoria, cultura y construcción de alternativas para el buen vivir.

Aceptadas las renuncias, excepto la de la Dirección del Museo Nacional, y nombradas las nuevas direcciones salta a la vista el temor y desazón generalizadas al pensar en que el Gobierno Nacional, como lo planteó la saliente Directora de la Biblioteca Nacional Consuelo Gaitán, esté buscando “reescribir la historia”, utilizando lugares de la memoria como la biblioteca, el museo y el archivo como aparatos ideológicos al servicio de un proyecto político y cultural de gobierno, y no de Nación, que permitan controlar y mantener el orden social, a través, quizás, de reescribir la historia, desaparecer la memoria, o incluso de censurar información, definir qué darnos de leer y sobre todo, no dar continuidad a los procesos que ha liderado la Biblioteca Nacional en pro del fortalecimiento del tejido social.

Y cuando digo no dar continuidad, no me refiero a dar por terminadas estrategias como las bibliotecas móviles para la paz o el proyecto emergente de bibliotecas itinerantes. Estos seguramente seguirán existiendo, la incertidumbre radica en cuál será el “nuevo” enfoque que le dará la directora entrante: ¿A qué historia responderá?, ¿Será posible seguir encontrando en los procesos y propuestas la pluralidad y multiplicidad de voces que nos han permitido ampliar la comprensión de la sociedad franqueando las respuestas binomiales? ¿Cómo lograr que espacios de la memoria como bibliotecas, museos y archivos no caigan en el peligro de una sola historia?

Hoy, tras pocos días de anunciar quienes se harán cargo de estos espacios, siguen latentes los riesgos de centralizar proyectos sociales, como el AGN y la Biblioteca Nacional, pues esto alerta  sobre el peligro no sólo de reescribir la historia, sino incluso, y más preocupante aún, de contar una sola historia. En palabras de Chimamanda Adichie1  “Creamos una historia única mostrando a un pueblo como una cosa, una y otra vez, hasta que se convierte en eso” y ese es un riesgo latente en el ambiente al no conocer qué sucederá con las direcciones de estas instituciones, en las cuales se dejan ver relaciones de saber, poder, subjetividad.

Es así, como bajo el ambiente de temor respecto al sesgo ideológico que podría condicionar la polivalencia y multiplicidad de voces en las principales instituciones de memoria e historia del país, nace un temor mayor y es el olvido que podría desencadenar la implantación de una única narrativa, el riesgo de continuar desconociendo la memoria que, gracias a instituciones como la biblioteca, el archivo, el museo y a ejercicios cuidadosos y rigurosos como los del Centro Nacional de Memoria Histórica -CNMH-, hemos logrado recuperar. De hecho, esperamos continuar reuniendo y recuperando, conociendo y comprendiendo lo que como sociedad nos ha acontecido para aprender de esto y forjar alternativas otras que nos permitan realmente avanzar con equidad y bienestar social.

Las historias, las memorias, esas que yacen en el Archivo General de la Nación, en la Biblioteca Nacional, en el Museo Nacional se definen como lo plantea Adichie, por el principio de nkali (palabra en Igbo que significa ser más grande que el otro-poder), lo que implica hacerse preguntas como: cómo se cuentan, quién las cuenta, cuándo se cuentan, cuántas historias son contadas (…), cuáles voces son escuchadas.

Esto pone de manifiesto, que el poder no es sólo la capacidad de contar la historia del otro, sino de hacer que esta historia sea la definitiva. He ahí, uno de los principales retos y desafíos de la dirección entrante, garantizar la pluralidad no sólo para el reconocimiento de diversas historias sino también para que estas puedan redistribuirse en función de los olvidos y amnesias históricas que como sociedad tenemos.

La Biblioteca Nacional de Colombia, como dispositivo cultural fértil para la vida y el ejercicio de una ciudadanía plena con más de dos siglos de existencia, no sólo ha llevado a cabo la tarea de salvaguardar y difundir el patrimonio bibliográfico de la nación, también se ha consolidado, a través de la RNBP como un actor fundamental en el desarrollo de la cultura y en la posibilidad que tienen niños, niñas, jóvenes y cualquier ciudadano de contar con el lenguaje como campo simbólico para la comprensión y transformación de sí mismos y de su entorno. Ejercicios que se espera de continuidad la dirección entrante.

Y ante la actual designación de las nuevas direcciones, se ha gestado una movilización social, similar a la ocurrida en octubre de 2018 cuando la Ley de Financiamiento estuvo a punto de dejar sin recursos la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, debido a la incertidumbre sobre el rumbo de los procesos y retos de la Biblioteca Nacional, pues se teme que se utilicen estas instituciones como artefactos gubernamentales que sistematicen y centralicen las diversas iniciativas en respuesta a proyectos políticos determinados o de la empresa privada, ignorando el bien común al que deben responder dispositivos culturales como las bibliotecas, archivos y museos. Igual que lo sucedido con el CNMH, preocupa notablemente pensar en direcciones que respondan más a intereses políticos del gobierno de turno que al bien común de los colombianos.

Hay más de 1500 razones para continuar las luchas políticas e intelectuales que permitan seguir avanzado en la constitución de la biblioteca como un dispositivo cultural en el cual sus tecnologías de poder estén a favor de mecanismos de emancipación que nos permitan, a partir del conocimiento y reconocimiento de la memoria, encontrar nuevas formas de ser y estar como sociedad colombiana.

La ciudadanía está atenta a lo que acontecerá ahora que se conoce quién asumirá los desafíos y retos en materia de cultura, información, lectura, escritura y oralidad que continuarán emergiendo en la Biblioteca Nacional, al ser un proyecto de las comunidades y ser fundamental para el fortalecimiento del tejido social.

Y una vez más, actores asociados a la cultura, la educación y las bibliotecas, están dispuestos a trabajar colaborativamente en pro del bien común, de la construcción de una sociedad más justa donde el Estado no se limite a ejecutar proyectos gubernamentales, si no que de respuesta a los proyectos culturales y sociales que el país ha construido a lo largo de los años y donde se represente su pluralidad y riqueza.
 
En palabras de Bibliotecas A La Calle  “ Las bibliotecas son lugares de esperanza… en un país como Colombia donde andamos por el mundo tristes, tristisimos, desasosegados en este plantea obtuso y patas arriba, llegar a una biblioteca llena de preguntas y oídos prestos no es cosa menor (…) y más que necesidad es una oportunidad una posibilidad de no volvernos unos autómatas sin criterios ni dudas” (2018) y es por eso que hoy es fundamental estar atentos y acompañar el rumbo de la Biblioteca Nacional, y por supuesto del Archivo General de la Nación, del Museo Nacional y del Centro Nacional de Memoria Histórica, pues si bien “la sociedad ha determinado lo que ha sido la biblioteca del pasado, es la sociedad la que determinará lo que será la biblioteca del futuro” (Jesse Shera).

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1Chimamanda Adichie. El peligro de la historia única. Recuperado de: https://www.ted.com/talks/chimamanda_adichie_the_danger_of_a_single_story/transcript?x=1&language=es


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