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Medellín en días de la juventud

11/08/2017
Por: Julio César Orozco Ospina, Comunicador social periodista, abogado, coordinador Observatorio de la Juventud, docente UdeA

"...Los jóvenes de nuestro tiempo son, en estricto sentido, los habitantes del mundo de la tecnología y la información.  Para ellos, en buena medida, ha sido diseñado el modelo de sociedad que hoy nos gobierna..."

Sin saber cómo ni de dónde, un centenar de jóvenes armados de pinturas, brochas y pinceles se tomó los bajos del puente de la Calle San Juan en Medellín, para transformar sus paredes grises en enormes murales artísticos a cielo abierto.  

Muchos conductores que pasaron por el lugar detuvieron su marcha, entre la curiosidad y el asombro, quizá para comprobar que todo aquello no se trataba de un acto clandestino o de un uso indebido del espacio público, sino de una de las más fuertes tendencias de transformación y resignificación de la estética de  Medellín: una ciudad que se cuenta desde el grafiti.

El hecho, que ocurrió en agosto del año pasado durante la celebración de la Semana de la Juventud (que se vive cada año por estas fechas), no habría tenido nada de particular a simple vista, si no fuera porque  solo hace una década (y aún hoy persiste este imaginario en algunos sectores de la población) el grafiti estaba reducido a una condición de clandestinidad, de acto subversivo e ilegal, cuyos autores  debían  ser –en lo posible– perseguido y juzgados por el Estado. Curiosamente, en este caso, no sólo se trataba de una intervención artística ya corriente, sino que el propio Estado ponía sus recursos: humanos, técnicos, financieros, para que dicha intervención fuera posible.

Basta este ejemplo para señalar que en Medellín muchas cosas han ocurrido con los jóvenes, con las políticas y programas que atienden a su desarrollo pero, ante todo, con las formas de nombrarlos y acercarnos a la vivencia de su universo.

¿De qué jóvenes hablamos?
Los jóvenes de nuestro tiempo son, en estricto sentido, los habitantes del mundo de la tecnología y la información.  Para ellos, en buena medida, ha sido diseñado el modelo de sociedad que hoy nos gobierna. Son los hijos de lo que esas dos palabras -tecnología e información- representan: rapidez, datos, fragilidad de la memoria,  el mundo en una pantalla, millones de imágenes por segundo,  lo irreal y lo actual, los amigos desconocidos, los amores virtualizados, los personajes simulados, un mundo de consumo y para ser consumido por los sentido.

¿Cuál es la juventud de nuestro tiempo?: ¿Es la del consumo sin límites; la del mundo virtual  de la @ y el #? ¿Acaso aquella precarizada por  el modelo económico, cuya moratoria social no parece un derecho, sino un castigo con tendencia a lo eterno? ¿Es la juventud banalizada por  la moda y que volvió popular el juvenilismo y la juvenilización de la vida como una forma de intentar ser o parecer siempre joven? ¿Es la apática o la que se organiza y participa, la de las grandes movilizaciones y reivindicaciones sociales? Una respuesta diplomática siempre nos dirá que la juventud es un poco de todo esto y mucho más. Los escépticos, pero más realistas, nos contarán que se trata de una juventud más creativa y preparada, pero que sus condiciones materiales de bienestar son peores y su futuro es incierto. Los líderes senior y  junior nos reiterarán que en sus manos está ya no el futuro, sino el presente de la humanidad.  

Por otra parte, las juventudes actuales configuran su  existencia sobre muy pocas certezas, sobre muy pocos referentes  heredados de sus ancestros. Se han producido, en las últimas décadas, cambios profundos en esferas tan fundamentales de la vida de los jóvenes como lo son el tipo de familia en que nacieron y con la cual deben convivir; en la vivencia de su  sexualidad y  elección de pareja; en el ejercicio de la política y la participación democrática; en la relación educación, profesión, trabajo y proyecto de vida, así como en la búsqueda del sentido trascendente de existencia, por nombrar solo algunos asuntos.

¿Rodrigo D se ha ido?    
Medellín vivió su holocausto. El mismo año que cambiamos la Constitución (1991) para reformar el país, en la Villa del Aburrá nos matamos con toda la fuerza: 6.493 almas asesinadas. Un año antes, Víctor Gaviria ya había puesto en pantalla el germen de esta infamia: Rodrigo D no futuro hablaba de un mundo de adolescentes y jóvenes que ya no iban a ser eso que les habíamos prometido: el futuro. Se vivía rápido entre armas, motos, drogas, metal y punk. Los jóvenes se descontaban el futuro.

Más de cuarto de siglo después es bueno preguntarse si Rodrigo D se ha ido, si No nacimos pa’ semilla. En este tiempo, redujimos la tasa de homicidios en un 90%, pero de las 535 muertes violentas ocurridas en 2016,  262 corresponden a jóvenes entre los 14 y 28 años. Siguen representando el 50%. Como lo dice el periodista Esteban Duperly en el libro Carrera de Obstáculos, (editado por la Secretaría de la Juventud de Medellín), “basta de contar cadáveres, porque repugna. La conclusión redonda es que durante poco más de una década los jóvenes han puesto la mitad de los muertos. O a veces más”.

Pero no pueden reducirse los jóvenes, como en el caso de la guerra misma, a hablar de buenos y malos, de amigos y enemigos. El rótulo, la marca, nos dicen muy poco de los jóvenes y solo refuerzan el estigma, porque incluso aquel que comete conductas de riesgo o ha delinquido es, al mismo tiempo, líder, deportista y hasta un buen hijo.

Un ejercicio interesante, en este sentido, ha consistido en entender quiénes son los jóvenes de Medellín mirando lo que nos dicen los informes y las estadísticas al revés. Es claro, por ejemplo, que más del 80% de los jóvenes no consume licor de forma habitual, el 90% no presenta conductas agresivas severas, el 95% nunca llega a generar adicción a las drogas y el 96% de las adolescentes no queda en embarazo.

La potencia del mundo juvenil es abrumador. Si se superponen dos mapas en los que se ubican, de una parte, los sitios de mayor criminalidad en Medellín y, por otro lado, aquellos donde surgen y se manifiestan con más intensidad los procesos de participación y movilización de las juventudes, ambos resultan casi idénticos. Más de 5.000 jóvenes moviéndose actualmente por la ciudad, organizados en cerca de 600 grupos juveniles, dan cuenta del segundo fenómeno.

Hacen de todo, o casi de todo: teatro, música, hip hop, deportes extremos y alternativos, circo, trabajo comunitario, resistencia antimilitarista, huertas ecológicas, educación sexual y de género, formación política, voluntariado, cultivo de las almas. Es el arte como proyecto de vida o como pretexto para construir, resistir y aprender otras formar de convivir.

Los jóvenes quieren…
Hoy, en vez de continuar rotulándolos, los jóvenes nos proponen otra agenda, otra forma de aproximarnos a su encuentro: Los jóvenes no quieren ser escuchados (aunque algunos apenas si pidan ese derecho y, muchos adultos, aún seamos inmensamente sordos), sino conversar, en un diálogo de saberes para construir la política.

No quieren hablar de anticonceptivos y enfermedades de transmisión sexual, sino de la construcción del  amor y los afectos. No quieren hablar del peligro de las drogas y el sexo, sino del deseo como motor del universo y de las emociones humanas. No quieren hablar del dolor y el sufrimiento, sino de lo que hace  bien al alma y de la idea de trascendencia. No quieren hablar del trabajo en grupo, sino del valor de la amistad,  la acción colectiva y la posibilidad de dar y darse en otros. No quieren hablar de la politiquería, sino de la esencia de lo político.

Consolidar la institucionalidad en la juventud, desarrollar nuevos y efectivos programas que respondan a las principales demandas de los jóvenes (educación superior, trabajo y emprendimiento,  promoción en salud y acompañamiento en la consolidación de su proyecto de vida siguen siendo algunas de las principales necesidades de los jóvenes), pensar en el  trabajo articulado e interinstitucional, en clave de derechos y ciclo vital/curso de vida, son solo algunos de los retos futuros.

Nota: La Semana de la Juventud de Medellín se lleva a cabo del 10 al 13 de agosto. La programación se puede consultar en www.medellinjoven.com

Lea aquí el texto completo de esta columna de opinión


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