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Periódico Alma Máter

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Vida

Educación sexual debe empezar el primer año de vida

06/09/2019
Por: Pedro León Correa Ochoa- Periodista

Reconquistar lo femenino; instaurar una educación sexual basada en el conocimiento y la libertad; negociar y comunicar para enfrentar conflictos de pareja; entender el amor como compartir y no como poseer. Lecciones del sexólogo español Manuel Lucas Matheu.

Entre las publicaciones de Lucas Matheu se encuentra el Manual de sexología comunitaria. Foto: Juan Pablo Hernández Sánchez.

El sexólogo español Manuel Lucas Matheu analizó 66 culturas y concluyó que una sexualidad más libre favorece sociedades con menos conflictos. El estudio doctoral —de tipo cualitativo transversal y transcultural con fuentes bibliográficas y trabajo de campo—, duró 18 años y se convirtió luego en el libro Sed de Piel ¿feminizar el futuro? (2009).

Lucas Matheu es presidente de la Sociedad Española de Intervención en Sexología y miembro vitalicio de la Academia Internacional de Sexología Médica. El 16 de agosto de 2019 ofreció en la Universidad de Antioquia la conferencia «Sexos, mores y deseos diversos», promovida por la Dirección de Bienestar Universitario como parte del proceso de sensibilización y capacitación para la prevención de las violencias de género y sexuales. En esta entrevista con Alma Mater explica sus posturas sobre temas como la educación sexual, la ideología de género, la fidelidad y el amor.

Pareciera que ese postulado de su tesis doctoral es muy oportuno hoy en Colombia…

Sin duda. Lo que puedo decir es que si queremos que una sociedad sea más pacífica tendremos que hacer dos cosas. Una: para quitar la agresividad, dejar de reprimir con tanta insistencia la sexualidad. Y otra, que lo femenino tenga un papel importante. También que los hombres empiecen a replantearse una sexualidad vivida más en imperativo que en sustantivo, porque desde pequeños nos dicen: «sé un hombre», «no demuestres debilidad, ejerce poder hasta en la cama». Nos relajaría bastante que los hombres nos diéramos la oportunidad de descubrir la gran parte femenina que tenemos.

En sus libros habla de una «fábrica de bienestar sexual». ¿Qué tiene esa fábrica y qué debería producir?

Hasta ahora, lo que hemos hecho de la promoción de la salud sexual y de la clínica sexológica ha sido un taller de reparaciones y prevención. Hemos construido una educación sexual y promoción de la salud sexual centradas en déficit y problemas, lo que se ha reducido solamente a un colectivo: los jóvenes. Habría que plantearse otras formas de construir la sexualidad, y la forma de construirla es la libertad. Algunos dirán: «¡este hombre está proponiendo que todo el mundo haga lo que quiera!». Sí, eso estoy proponiendo, que haga lo que quiera, pero que lo haga desde la madurez del conocimiento. Creo que, además, una fábrica de bienestar significa no solamente solucionar los problemas, sino también que las personas vivan la sexualidad como un valor: el sexo es un bien, nos da una estructura; el hecho de ser sexual es un bien; la sexualidad es un valor y debemos saber vivirla con la capacidad de desarrollar el talento para conocer mejor nuestros cuerpos y los cuerpos de los demás. Eso va mucho más allá de los genitales.

El impacto de las políticas de educación sexual en Colombia ha sido cuestionad0, por ejemplo, frente a los embarazos adolescentes. ¿Cómo crear un modelo más efectivo? 

Lo primero es que no debemos empezar por los jóvenes. Hay que hacerlo desde el primer año de vida. Que los padres y la familia ejerzan como verdaderas figuras de apego, y que las personas a partir de ahí tengan un apego seguro a la hora de estructurar sus relaciones amorosas, sexuales, de pareja. Por lo tanto, el primer objetivo de la educación sexual tiene que ser los padres y las madres. El niño es un radar ultrasensible y si los padres tienen actitudes sexuales que son positivas, sanas, que aman su propio cuerpo, pues van a transmitirlo al niño. De ahí llegará el colegio, y en el colegio cada materia tiene que estar sexuada, hemos asexuado las materias: la historia, la filosofía, las matemáticas. Y a partir de ahí, ya con adolescentes y demás, empezar a llenarlos de conocimiento sobre lo que es el sexo, la sexualidad, la diversidad, la erótica, porque nuestra sexualidad está imbricada en nuestra piel, tenemos la piel más sensible de todos los mamíferos, con la mayor variedad de corpúsculos sensitivos.

Eso significa deconstruir todo el modelo…

¡Claro!, ese modelo falocrático, reduccionista, genitalizado, masculinizado. Ponerlo sobre la mesa para deconstruirlo y para que cada persona vaya poniendo esas piezas para construir, cada uno, en cada momento, en cada circunstancia, su propio modelo de relaciones sexuales. Y claro que hay que hablar de las conductas de riesgo, porque eso está ahí, lo que no debemos hacer es lo hecho hasta ahora, poner las conductas de riesgo en el centro de la diana, sino como un elemento más del conocimiento de nuestras actitudes y de las actitudes ante la libertad de otros. Y, por último, hay que hablar de las capacidades para vivir en pareja o para no vivir en pareja, para amar y para saber qué es el amor; y las capacidades para aprender del rito de la expresión corporal, de nuestras energías corporales, de nuestra sensibilización corporal. Es decir, un modelo de modelos basado fundamentalmente en la libertad y esa libertad basada fundamentalmente en el conocimiento.

¿Qué opinión tiene de ese tenso debate por la llamada ideología de género?

Ahora mismo todo está lleno de actitudes normativas y combativas; es decir, oprimen o permiten. La actitud normativa seapoya en actitudes combativas, de defensa y ataque: «en contra de la homosexualidad», «a favor de la homosexualidad». Lo que pienso es que no se puede estar ni en contra ni a favor; es como estar en contra de que el cielo es azul, ¡pero es que el cielo es azul! ¿Eso es bueno o malo?, no lo sé, es azul. Yo introduciría en los os elementos polarizados un elemento que se traduzca en generar bienestar y en que las personas tengan la libertad suficiente de poder vivir como quieran, siempre, lógicamente, con respeto a los derechos de los demás. 

En Colombia se empiezan a visibilizar las violencias de género y sexuales en entornos universitarios. ¿Qué recomendación tiene para esa tarea?

Hay un tema muchísimo más profundo, un tema educativo. El problema que estoy viendo en la cultura occidental es que la mujer está imitando el modelo masculino: ¿al 50 % de testosterona le vamos a añadir el otro 50 % más? Es una sociedad que no educa a la gente para que viva bien, sino para que compita. Las mujeres están entrando en la selva masculina que nosotros construimos. Y claro, lógicamente si quieren sobrevivir en la selva, tanto en política como en empresa, o imitan el modelo masculino o están perdidas, y este es un elemento jorobado.

¿Pero no se pueden negar las barbaridades de los hombres en su selva?

Precisamente ese es otro elemento: no estamos atendiendo a la parte masculina, el feminismo se está olvidando de que el elemento a atender no solamente es a las propias mujeres, sino también a los hombres, porque los hombres viven una masculinidad en modo imperativo. Nos dicen «no llores, tú eres el dueño, no hay mujer frígida sino hombre inexperto, tú eres el que tiene que mantener a la familia, sé fuerte». Y en esa fuerza que pretenden que tú tengas, que no vas a tener, te meten en un berenjenal frustrante, que en algunos individuos produce una autoestima por los suelos, y acaban violando, maltratado, y haciendo cosas que, en absoluto, los hacen felices. Las mujeres deberían empezar a trabajar con los hombres, codo a codo, en construir otra selva diferente, una selva no masculinizada. Y no se olvide que la naturaleza es básicamente femenina. 

Tinder, Grindr, Facebook, Badoo, Twitter… ¿Cómo ve esa reconfiguración de relaciones que plantea hoy la tecnología?

Todo puede ser utilizable para lo bueno y para lo malo. Las nuevas tecnologías tienen como ventaja que aumentan la capacidad de comunicación. Pero claro, la gente está claustrofílica con la pantalla y las relaciones sexuales se vuelven acorpóreas. Hay una amputación de los sentidos, sobre todo del tacto. Es verdad que tiene una ventaja: los tímidos pueden atreverse a iniciar un cortejo, ¡bien! Pero si ese cortejo no acaba en un encuentro físico de piel a piel, pues nos encontramos con algo que realmente deja amputada, de alguna forma, nuestra capacidad sexual. Yo tengo la sensación de que las nuevas tecnologías son una oportunidad, pero viendo algunas cosas, también son una amenaza.

«Hay que ser infiel, pero nunca desleal», escribió García Márquez. ¿Qué opina de la monogomia?

Uno es monógamo por necesidad, la poligamia es bastante cara. Por tanto, no nos podemos permitir equivocaciones: escoge a la pareja que seguirás deseando y amando profundamente. Pero claro, nadie te da todo. ¿Entonces qué pasa?, pues que realmente la fidelidad es una entelequia. Hacemos parte de una sociedad celotípica y metida en un sincericidio absoluto, un querer contarlo todo. Pero hay una intimidad y cada uno tenemos derecho a ella. Ahora, no puedo mantener la convivencia mintiendo, eso sí es desleal. Así que estoy de acuerdo con García Márquez, no es que no haya que serlo, es que somos infieles, pero sí podemos vivir las parejas desde la lealtad de lo que hemos construido, y sobre todo desde la sabiduría de construirlo, que es una cosa que no nos enseñan. Todo el mundo dice: «hay que vivir en pareja», pero nadie nos dice lo que nos vamos a encontrar en la pareja. Firmamos contratos endemoniados: un contrato sexual, uno amoroso, lúdico, económico. Y la letra pequeña es tremenda. ¿Nos enseña alguien a poner medicamento a los conflictos que son inherentes a la pareja? Una pareja sin conflicto es una pareja muerta. Y para resolver los conflictos una pareja tiene que saber negociar, para los conflictos reales, y comunicarse, para los conflictos irreales. 

En medio de todo, ¿dónde queda eso que llaman «amor»?

¡Ay!, el amor. Cuando empiezo mis cursos les pregunto a mis alumnos: «¿que pensáis qué es el amor: compartir o poseer?». Y dicen todos: compartir. ¡Mentirosos!, les reclamo. Decía Fritz Perls, fundador de la terapia Gestalt: «Yo soy yo y tú eres tú, yo lo mío y tú haces lo tuyo, yo no estoy aquí en función de todas tus expectativas, ni tú en función de todas las mías, cuando nos encontramos es maravilloso, y si no nos encontramos es irremediable». No, nosotros hacemos lo contrario: tú eres mía y yo soy tuyo, tú haces lo mío y yo hago lo tuyo, por tanto, es aburridísimo. El amor se debería basar más en compartir, en compartir lo compartible, porque todas las cosas no se pueden compartir. Y no en poseer, no en el poder sobre el otro. Ese es el amor, el amor no es solamente dar, esa es una concepción cristiana. ¿Qué vas a dar si no has recibido antes? El amor es recibir, es cultivar, es comunicarse, pero también es comprender que la otra persona tiene su intimidad, su espacio, y tiene derecho a ejercerlo.

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