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Insistir en negociar la paz con el ELN

12/04/2019
Por: Germán Darío Valencia Agudelo, profesor Instituto de Estudios Políticos, UdeA

« ... Iván Duque presentó reparos a la manera como se estaba dando el proceso con el ELN durante el mandato Santos, primero como candidato a la Presidencia y luego como primer mandatario de Colombia ...»

Desde septiembre de 2012, cuando comenzaron los diálogos formales de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc-ep), se dijo que la paz en Colombia sería incompleta si no se invitaba a negociar al Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Con todo, el gobierno de Juan Manuel Santos hizo caso omiso a esta advertencia, al menos durante su primer gobierno (2010-2014); su estrategia fue: primero negociar con las Farc-ep, y luego, cuando se hubiera avanzado significativamente en aquella tarea, entablar diálogos con el ELN.

El ELN, por su parte, mantuvo durante los dos periodos del gobierno Santos su apertura a la negociación. Una postura que ha sido coherente desde 1989, cuando esta organización armada acordó internamente poner en su plataforma ideológica la negociación política de la paz.

Pero, como se advirtió, el ofrecimiento al diálogo del ELN solo fue acogido por el Gobierno nacional  a partir de 2014 –fecha en que comenzó la fase de pre-negociación–, y que finalmente permitió en 2016 la instalación de la Mesa de Conversaciones en Quito, Ecuador, con una agenda de negociación y unas claras reglas de juego.

En año y medio, el gobierno Santos logró importantes asuntos con el ELN, entre ellos: el primer cese al fuego y de hostilidades pactado con esta agrupación en más de cincuenta años de guerra y la entrega de varios retenidos. Además, por su puesto, de avances en el primer y quinto punto de la agenda de negociación, correspondiente a la participación de la sociedad civil en la construcción de paz y al fin del conflicto armado.

En síntesis, se logró en cuatro años (2014-2018) avanzar, como nunca antes con el ELN, en la búsqueda de una salida al largo conflicto entre las partes.

A pesar de estos importantes logros, Iván Duque presentó reparos a la manera como se estaba dando el proceso con el ELN durante el mandato Santos, primero como candidato a la Presidencia y luego como primer mandatario de Colombia.

En su discurso de posesión como presidente, Duque insistió en que se debía cambiar las reglas de juego de las negociaciones con esta guerrilla; dijo que solo se sentaría en la Mesa de Conversaciones sí el ELN tomaba la decisión de liberar a todos los retenidos y de cesar de manera unilateral sus actividades armadas en el territorio nacional.

Advertencia que, por su puesto, ha insistido Duque en cumplir. A pesar de existir una Mesa de Conversaciones, el Gobierno retiró sus negociadores, abandonó el proceso y dejó a los comisionados del ELN anclados en La Habana, Cuba –nuevo sitio elegido por las partes para continuar las negociaciones–.

Finalmente, luego de los hechos de guerra que se dieron en enero de 2019 contra de la Escuela General Santander, los diálogos se rompieron y se activaron las 10 órdenes de captura contra los negociadores del ELN.

Desde aquel momento han transcurrido más de dos meses. Tiempo que están perdidos en términos de negociación política. Meses donde las actuaciones que se registran entre Gobierno y ELN son de incremento de la guerra, y con ello de las víctimas que produce este cruel enfrentamiento armado.

Ambas partes están enfrascadas en una guerra que no van a ganar. Asistimos a un empate militar negativo, a pesar de las asimetrías en capacidad bélica. La historia del país, en las últimas seis décadas, ha mostrado que la única manera de finalizar la guerra es por vía de la negociación política. No hay otro camino efectivo.

De allí, entonces, que como sociedad civil debemos insistir en una salida negociada a la guerra que se tiene con el ELN. Es necesario –como lo están haciendo de manera recurrente académicos, líderes sociales, políticos y de opinión, fundaciones, ONG e, incluso, exfuncionarios del gobierno relacionados con la paz– exigir al Gobierno el reinicio de las negociaciones, pues el ELN está atento a continuar. Cada día que pasa es un día perdido para la paz y ganado para la guerra.

Hay varios retos en la actualidad:

1) Tanto el Gobierno como el ELN deben repensar el cese al fuego y hostilidades; el primero flexibilizar las exigencias para negociar, el segundo su persistencia en la confrontación armada.

2) Como sociedad civil debemos repensar la participación que hemos tenido hasta el momento en el proceso con el ELN, este actor político viene haciendo una propuesta directa a la sociedad de participar de diversas maneras en la construcción de paz, pero nuestra respuesta hasta el momento ha sido tímida y limitada.

3) Finalmente, Estado y sociedad civil debemos estar más atentos al desenvolvimiento del Acuerdo Final con las Farc, pues su cumplimiento será un referente para que el ELN tome o no la decisión de dejar las armas.


Nota

Este es el espacio de opinión del Portal Universitario, destinado a columnistas que voluntariamente expresan sus posturas sobre temáticas elegidas por ellos mismos. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores y no reflejan una opinión o posición institucional de la Universidad de Antioquia.

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