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Academia

Me da tranquilidad la nueva Misión de Sabios

05/08/2019
Por: Pedro León Correa Ochoa- Periodista

Carlos Eduardo Vasco habló con Alma Mater sobre la relación medular entre educación y paz, sobre su temor frente a que las propuestas de la nueva Misión de Sabios no pasen del papel, y sobre la importancia de repensar la calidad educativa en el país.

Carlos Eduardo Vasco fue el coordinador de la Misión de Sabios de 1994, de la que surgió el histórico informe Colombia: al filo de la oportunidad. Por ello, y por su peso intelectual y académico en el país, no pasó inadvertida la fuerte misiva que le escribió en marzo pasado al presidente Iván Duque. En ella, entre otros reclamos, señaló que la educación había desaparecido de la nueva Misión de Sabios, presentada un mes antes por el Gobierno y compuesta por 43 expertos nacionales e internacionales. Cuatro meses después, Vasco —licenciado en Filosofía y Letras, magíster en Física y Ph.D. en Matemáticas—, señala que las noticias sobre los avances de la nueva Misión le dan pistas de que va por buen camino. Sin embargo, insiste en su preocupación
respecto a que la materialización de las recomendaciones que de esta surjan, quede a merced del próximo gobierno. El profesor Vasco fue invitado por la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, el 26 de julio de 2019, al conversatorio «Educación para la ciudadanía, la paz, la democracia y los derechos humanos».

Desde la negociación de La Habana, en el discurso mediático hegemónico se reemplazó la «guerra» como palabra protagónica y se insertó la «paz» como un enunciado materializable. ¿Cómo ve ese tránsito nacional?

Todavía está muy a nivel de discurso, porque oculta los conflictos que continúan. Lo veo, por ejemplo, en el intento de armarse una cosa que se llama, muy elegantemente, «la paz sí, pero no así». Eso desenmascara a cualquier persona que lo diga, y no me refiero a nadie en particular. Lo que uno ve es que quien asegura eso está escamoteando la paz, que cree que lo que resuelve el asunto es la guerra, pero como ve que no es políticamente correcto hablarlo, entonces logra esconder el discurso. Entonces, por lo menos una primera etapa ganada es que no es políticamente correcto oponerse a la paz, ni al acuerdo ni a La Habana. Ahora, no se nos puede olvidar, por ejemplo, que también parece que nos estamos oponiendo a los acuerdos de Ralito, porque si han matado 2000 amnistiados de los paramilitares, pues, ¿por qué solamente hablamos de los líderes sociales de la izquierda?, ¿por qué no vemos que tampoco el Estado y la sociedad le cumplió a un acuerdo hecho a espaldas del país pero que, finalmente, fue hecho por el presidente y el Estado colombiano?

En el Acuerdo Final hay 26 referencias directas a la educación. ¿Cuál es el rol del sistema educativo en la construcción de una paz estable y duradera?

Lo que en realidad pueden hacer el Estado, el gobierno, el colegio, la universidad, la familia… es educar para la paz. Si por cada mala nota el papá le da una palmada al niño; o si un profesor organiza un evento sobre Justicia y Paz o la JEP y le cae todo el mundo encima... ¿dónde está la paz? Es decir, si al que está hablando de paz o lo matan o lo amenazan o le dicen sicario moral, es claro que lo poquito que se puede hacer es educar en todos los niveles. ¿Qué puede hacer el Centro de Memoria Histórica?, educar para la paz. ¿Qué puede hacer la Comisión para la Verdad?, educar para la paz. ¿Qué puede hacer una secretaria de salud frente a la mentalidad «agresiva o guerrera»? Eso solo se cura con educación.

En marzo usted le envió una carta al presidente Duque, manifestándole sus inconformidades sobre el trámite con la nueva Misión de Sabios. ¿Por qué su preocupación?

Por el hecho de que primero le entregan el Plan de Desarrollo ya completo al Congreso y al día siguiente convocan la Misión, pues eso es condenarla a que espere cuatro años al otro plan de desarrollo. Es que ya sabemos que, si el Gobierno que entra no incorpora las recomendaciones en el Plan de Desarrollo, la disculpa para no hacer nada durante los años siguientes es clara. Como ahora no hay reelección, pues el nuevo que llega va a decir: «todo lo que hizo Duque está mal hecho»; que es totalmente contrario a la elaboración de políticas de Estado. Y si el presidente Duque dice que él no cumple los protocolos que firmó el presidente Santos, entonces cómo va a querer que el siguiente presidente acepte las recomendaciones que él encargó a la Misión. Afortunadamente el prestigio de la nueva Misión y lo que hemos visto en las presentaciones, me da tranquilidad de que esta vez sí hay alguna esperanza de que puedan seguir las recomendaciones. 

¿Finalmente qué eco tuvo su misiva?

No tuvo mucho impacto, salvo que muchas personas la conocieron por los medios de comunicación. La vicepresidenta sí se sentó con cuidado a contestármela, aunque no responde a ninguna de las preguntas duras, pero se ve que les pidió a los distintos grupos, que son ocho, que se preocuparan por la educación; y sobre todo al grupo de Ciencias Sociales, Desarrollo Humano y Equidad, en el que están personas a quienes admiro
profundamente como Stanislas Dehaene, Sara Victoria Alvarado y Clemente Forero, que fue prácticamente miembro y organizador de la Misión de Sabios de 1994. De manera que estoy tranquilo porque no solamente veo que va a haber un impacto de las conclusiones de las misiones anteriores, sino también que ya, explícitamente, se ha trabajado el tema de la educación.

Falta poco para conocer esas recomendaciones. ¿Qué espera de ese trabajo?

Lo que conozco hasta ahora es poco, y fue en la presentación que hizo el pasado 22 de julio el doctor Clemente Forero en los 25 años de la Misión de 1994. Me gustó mucho su reflexión sobre lo que es el desarrollo humano integral, que trasciende el desarrollo tecnológico o financiero; y que ahí está la educación para la paz, para la reconciliación, para un desarrollo equitativo. Lo segundo que me gustó es ver cómo hay una conciencia de que
las recomendaciones para la educación son indirectas, y que debe mirarse lo que produce cada jugada a mediano y largo plazo. Por ejemplo, mirar qué está pasando con la demografía, y que debido a la baja natalidad es más fácil lograr la cobertura completa. Como decía Alfredo Sarmiento en la Misión de Calidad, la cobertura en primaria no se logró por un efecto directo del Ministerio de Educación, sino que se logró porque disminuyó la natalidad, entonces en vez de decir: «vamos a despedir a los maestros», que sea al revés, que se diga: «aprovechemos ahora para bajar el número de alumnos por aula». La nueva Misión tiene muy en cuenta estas oleadas de tipo demográfico, así como los problemas de la formación del maestro y de la organización misma de la educación oficial y sus interacciones con lo privado. Me parece que va por buen camino.

Mencionaba que el país ha ganado en cobertura educativa, ¿cómo ve la calidad?

El asunto es que el discurso de calidad entró en Colombia indirectamente a través del control de calidad de la industria; no vino de las consideraciones cualitativas, sino de la medición de productividad. Eso provocó en la izquierda colombiana y en la intelectualidad una reacción contraria; sobre todo aquí en la Universidad de Antioquia, en la Pedagógica, en Cali, despertó un análisis del discurso de Foucault, como un temor a que a través de ese tipo de mediciones se iba a perjudicar la calidad en el sentido más profundo de la palabra. Sin embargo sí tuvo de positivo que ya el Ministerio de Educación no estaba trabajando solo en cobertura, sino también en calidad, pero también tuvo el problema de que se ligó la calidad a los resultados de unas pruebas como la del Icfes y Pisa.

¿Qué se debe tener en cuenta hoy entonces para medir la calidad?

Es que la calidad no es cuántas preguntas contestó usted bien a final del año, la calidad se está dando todo el año en la evaluación continua, está dándose en los productos que hacen los estudiantes y que presentan a sus papás, a sus compañeros, a la comunidad. Lo importante no es ser únicamente bueno en matemáticas, biología, química, física, sino ser un lector crítico, razonar lógicamente y ser consciente de sus competencias ciudadanas, eso me parece maravilloso a mí. Pero todavía se está mirando las pruebas internacionales y presionando a los estudiantes… y claro que es importante, pero la calidad está, precisamente, en que no se pierda el énfasis en el arte; esa fue la recomendación del maestro Gabo, la más central de las recomendaciones de la Misión de Sabios hace 25 años. Por eso a mí me parece que volver a estudiar ese debate respecto a qué es calidad, qué es competencia, qué es objetivo, qué es logro, qué es evaluación, va a contribuir mucho a que, ya que se logró la cobertura en primaria, que se trabaje por la calidad en todos los niveles.

Una vida dedicada a la educación

Carlos Eduardo Vasco nació en Medellín; su padre, Eduardo Vasco Gutiérrez, fue el primer psiquiatra infantil de la ciudad. Estudió Licenciatura en filosofía y letras en la Pontificia Universidad Javeriana, hizo estudios de posgrado en Estados Unidos y Alemania y, además, se ordenó como sacerdote jesuita en Frankfurt, condición que lo llevó a desarrollar durante varias décadas una comprometida labor social en el noroccidente de Bogotá.

Fue asesor del Ministerio de Educación desde 1978 hasta 1993, cuando pasó a integrar la Misión de Sabios. La Universidad de Harvard lo nombró
Profesor de Educación, donde también ejerció como investigador invitado. Así mismo, fue profesor de la Universidad Nacional de Colombia, donde se jubiló como Profesor Emérito.

Por sus aportes en los temas de renovación curricular, estándares básicos de competencias, entre otros, fue condecorado en 2008 por la Presidencia y el Ministerio de Educación con el Premio Simón Bolívar en la categoría Orden Gran Maestro. Ese mismo año recibió el Premio Nacional de Educación Francisca Radke 2007-2008.

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