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lunes, 10 de agosto 2020
10/08/2020
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En homenaje a...

Falleció en Medellín el Maestro Rodolfo Pérez González


Por: Carlos Arturo Fernández para Vivir en El Poblado 

Este 11 de julio de 2020, falleció en Medellín, a los 90 años de edad, el Maestro Rodolfo Pérez González, figura central de la historia musical, artística y cultural de la región y del país en la segunda mitad del siglo pasado y en los primeros años del presente.

No soy yo la persona más autorizada para hablar de él ni para valorar con justicia sus excepcionales aportes intelectuales, culturales y humanísticos. Solo escribo estas palabras para que mucha gente sepa de su partida.

Rodolfo Pérez fue uno de los principales protagonistas de la música coral en Colombia desde 1951 con la fundación de la Coral Tomás Luis de Victoria, entidad que dirigió durante 38 años. En 1968, como director del Departamento Cultural de Coltejer, junto al doctor Álvaro Pérez, organizó la Primera Bienal de Arte. Fue uno de los fundadores de los estudios musicales en la Universidad de Antioquia y contribuyó de manera sobresaliente a su desarrollo y a la constitución de la Facultad de Artes, de la cual fue profesor titular hasta su jubilación.

Compositor, divulgador e investigador incansable. Recibió la investidura de Comendador de la Orden de Isabel la Católica, concedida por el Rey de España. Entre otras distinciones fue Maestro Honoris Causa de la Universidad de Antioquia, Premio a las Artes y las Letras del Departamento de Antioquia, Premio Nacional de Cultura por Reconocimiento Universidad de Antioquia.

Muchas generaciones de estudiantes lo recordarán como Maestro exigente, pero siempre generoso, dicharachero y chistoso, pero serio y exacto. Otros tendrán presentes sus programas en Radio Bolivariana o volverán a leer alguno de sus libros. Yo no tuve la fortuna de ser su alumno, pero sí la de que hayamos sido compañeros de trabajo y, sobre todo, amigos sinceros, desde mi ingreso a la Facultad de Artes en 1983. Además de los recuerdos que ahora me atropellan, tengo ante mí una parte de su valiosa biblioteca de arte, que me regaló cuando creyó que entonces podía serme más útil que a él; por eso, de alguna manera, Rodolfo sigue aquí presente.

Quienes tuvimos la fortuna de ser sus amigos sabemos que hoy se murió una parte de nuestro corazón.

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El docente Mario Alberto Yepes Londoño comparte el documental "Vivir en la Música" sobre el maestro Rodolfo Pérez:

Hace varios años, hicimos con el Grupo de Investigación Audiovisual INTERDÍS este documental https://www.youtube.com/watch?v=oIWm5Mzsrz4.... Esta historia trata sobre Rodolfo Pérez González , un personaje, que según él, nace en el lugar y en el tiempo equivocados,  con una necesidad interna, genética, de ser músico en un ambiente adverso desarrolla una labor extraordinaria contra todos los obstáculos y las adversidades y que  a sus 80 años sigue trabajando incansablemente. Además de sus labores reconocidas como director de coros, pedagogo musical, gestor de empresas culturales y  realizador de programas de radio,  el documental mostrara otras facetas de su gran bagaje  cultural  y artístico, sus raíces e influencias españolas,  su pintura, sus composiciones, su  recopilación  y admiración por las mujeres compositoras,  todo en un ameno conversatorio  desde la comodidad de su hogar y su espacio de trabajo....Trabajo en la música contra todos lo obstáculos, al final: “Yo peleé con Medellín”, o sea tiró la toalla, se rindió, tiró la lanza frente a LOS MOLINOS. Peleó con Medellín, sigue trabajando para él porque no puede parar, se le pide que componga, que dirija, pero él a través del video dice que no, porque está desencantado, peleado, aburrido de luchar contra los MOLINOS... Eso era él un verdadero Quijote.

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Maestro Rodolfo Pérez González

Usted ha dejado un gran legado al gremio musical, no sólo en nuestra ciudad, sino en el país y en el mundo.

Agradezco su pasión y gran labor por fortalecer el Canto Coral, tantas semillas esparcidas desde las plataformas que lideró, entre ellas la Coral Tomas Luis de Victoria, y las cuales han germinado y siguen fructificando.

Maestro Rodolfo, gracias por sembrar en nuestras mentes y en nuestras almas el amor por la historia y la teoría de la música, gracias maestro por su generosidad y por su peculiar y anecdótica manera de transmitir el  conocimiento.

Recuerdo muy bien las clases magistrales de Historia del Arte, las cuales se impartían en la “capilla”, y a las cuales acudíamos decenas de estudiantes de la facultad de artes para sintonizarnos con sus sonidos, y aprender a apreciar el arte junto a sus contertulios.

Como olvidar sus clases de contrapunto, donde hubo acaloradas discusiones sobre la estética de las composiciones de Mozart, y donde llegamos a entender a través de usted la grandeza de este compositor.

No olvido sus emotivas composiciones para mezzosoprano y piano, las cuales tuve el privilegio de escuchar en vivo el día de su estreno. Recuerdo que al acercarme a felicitarlo, usted me dio las gracias por mi apreciación.

Y más, muchos momentos más de aprendizajes en la memoria, los cuales, se le aseguro, están siendo entregados con la misma pasión que usted nos inspiró. 

Lamento profundamente su partida, pero estoy convencido que usted está viviendo entre nosotros con ese gran tesoro que nos hereda...

Gracias Maestro Rodolfo.

Jorge Mendoza Castaño 
Medellín, Julio 23 de 2020


Blas Emilio Atehortúa (1943-2020) "El recuerdo de un hombre sabio, talentoso y de gran sensibilidad musical perdurará en nuestras memorias"

El Consejo de Facultad de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia lamenta la muerte del maestro Blas Emilio Atehortúa y expresa sus más sinceras condolencias a su esposa Sonia, demás familiares y allegados.

Con admiración queremos en este momento resaltar la fortaleza que mostró hace pocos días en una entrevista realizada en la ciudad de Bucaramanga. Con gran lucidez estuvo discutiendo con nosotros sobre la actualidad de la música, sus obras, sus experiencias más importantes y su estilo compositivo. Nos permitió conocer la sensibilidad del artista forjada en años de trabajo y dedicación.
 
El recuerdo de un hombre sabio, talentoso y de gran sensibilidad musical perdurará en nuestras memorias. Su música, un amplio legado que ha quedado para el futuro, continuará sonando en las salas de concierto del país y del mundo; sus enseñanzas seguirán nutriendo las aulas de clase y su nombre hará parte fundamental de la historia musical de nuestra nación como uno de los compositores más importantes del siglo XX.
 


Una pérdida para la Facultad de Artes

Las nuevas generaciones de nuestra Facultad de Artes no tuvieron la fortuna de sentir la presencia y la acción de la Maestra Beatriz Restrepo. Para quienes la conocimos y alternamos con ella, como afortunados alumnos de Teoría del Conocimiento o como colegas docentes, sabíamos de su encumbrada sabiduría y cultura del Arte y de las Humanidades de manera especial en el campo de la Estética. Pero Beatriz nunca hizo sentir esas virtudes como una sombra sino como luz clarísima que nunca ofuscaba a nadie y siempre orientaba. Discreta y generosa con su conocimiento y su palabra razonante, era una influencia benéfica en esa etapa difícil y confusa para toda la Universidad, en las décadas de 1970 y 80, afligida por la violencia gratuita que nos sigue acosando a veces, etapa en la cual, pese a todo, la Universidad demostró su entereza y capacidad de sobrevivir y renovarse. 

Precisamente un ejemplo de ello fue el nacimiento de la Facultad de Artes, por la concurrencia en la formación institucional de los tres programas fundamentales de Música, Teatro y Artes Plásticas. Beatriz hizo parte del grupo que formamos con Aníbal Vallejo y Gustavo Yepes para hacer una primera propuesta formal a los Consejos Académico y Superior en 1975; derrotada esta por el extremismo elemental y en algunos casos la indiferencia dentro de los propios estamentos, el proyecto se volvió a presentar en un nuevo documento concebido desde fines de 1979, en cuya redacción Beatriz Restrepo fue una guía decisiva. Ella tenía la formación filosófica y el conocimiento de la Universidad, unidos a su convicción de que la Alma Mater debía dar a las Artes la misma dimensión e importancia académica y administrativa de todas las disciplinas, porque la proyección social a la que estaban llamados los estamentos presentes y los egresados así lo exigía. Y a la propia futura Facultad el nuevo status le impondría unos deberes de mayor exigencia en la formación de docentes y estudiantes, como lo recalcaba en sus intervenciones en las cuales la fuerza de su argumentación, sobre todo ante los escépticos y aún contradictores de los propios programas,  siempre estuvo en el rigor de los planteamientos y en la mesura del gesto y la palabra. Como siempre la recordaremos todos.

Aprobada la Facultad en 1980, Beatriz Restrepo siguió su discreta presencia en su único curso; pero mantuvo su gestión ante las directivas de la Universidad, en la defensa de nuestra lucha por el reconocimiento de un escalafón especial para artistas sin título, el cual debería mantenerse como eventualmente se mantuvo mientras subsistieran las condiciones heredadas de toda nuestra historia previa a la formación artística en Universidades: el hecho incontestable era que la propia Universidad de Antioquia era la primera en Colombia que estaba haciendo esos reconocimientos y esos cambios institucionales. Pasado un tiempo, Beatriz estuvo brevemente a cargo de la Decanatura y presidió con acierto un primer proceso para la llegada de un próximo primer decano salido de los propios docentes de Artes, honor que me correspondió. 

Beatriz Restrepo prolongaría más tarde su acción benéfica para la Universidad desde la Vicerrectoría General, en el encargo de la Rectoría y en los Consejos Académico y Superior, con la misma eficacia y sabiduría que le reconocen en el sector privado, en Empresas Públicas de Medellín, en la Secretaría de Educación de Antioquia y en EAFIT. 

Para quienes la conocimos, Beatriz deja un recuerdo de integridad y de bondad sin tacha y sin alardes. 

Mario Yepes Londoño
Docente


Una semblanza en una imagen

Un domingo, tal vez uno de los días menos auspiciosos, el Toto dejó atrás su vida en este mundo. Claro que la muerte llega como el aquilonum –diría Barba Jacob–; cuando apenas con una mirada por el hombro te sorprende, en la forma de una tormenta que lo quiere revolcar todo, y como si nada, barre la vida. Roberto Montoya (que sólo se podría reconocer así en la cédula de ciudadanía), estaría plenamente de acuerdo, particularmente en la fuerza de remover, de atacar, de provocar; y a la postre, que todo aquello frágil, que no se sostenga, pues que sucumba. Ese era su talante.

Yo lo puedo decir, Toto fue mi profesor de fotografía cuando apenas ingresé a estudiar el programa de Artes Plásticas, a los 17. Sus palabras eran siempre el ácido que en la superficie ataca el metal por las grietas. Lo sentí entonces y así fue siempre. Había argumentos e información que acompañaba sus discursos. Mucha la información y muy masticados los argumentos.

Durante más de 20 años ese fue su talante y su misión en las aulas de nuestra Facultad.

Su obra entre fotográfica y otras mediaciones indefinibles, era igual de provocadora e incómoda. Una incomodidad que se expresaba en las temáticas que abordaba; en las técnicas, cuyas apropiaciones se hicieron del amplio repertorio de las más caducas y atemporales. De la propia forma de vivir la vida.

Hoy que se fue, valga esta breve mención para hacer memoria de su presencia y del rol que cumplió en la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia. Decir que fuimos muchos los que pasamos por el rigor de su mano, que recibimos de su sapiencia un caudal siempre efervescente y exigente. Y de su emocionalidad uno que otro sopapo.

Descansa en paz Toto.

Gabriel Mario Vélez Salazar
Decano

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