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martes, 21 de noviembre 2017
21/11/2017
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Palabras de los graduandos de la Facultad de Comunicaciones (1 de marzo de 2017)

El día de la graduación es una fecha especial que se recuerda toda la vida. Pero en “el Camilo Torres” no se concentran sólo emociones y aplausos por los logros individuales, el significado de la graduación es amplio porque también es un espacio que congrega a personas (profesores, estudiantes, familias, amigos) que juntas lograron terminar un proyecto cuyo resultado son nuevos ciudadanos para el ejercicio del humanismo, la investigación, la crítica, la construcción de tejido social y la productividad social y económica, todos ellos propósitos vitales de la Universidad, institución que forma, no sólo a través del conocimiento, sino también de asuntos tan prácticos como los espacios de diálogo y de encuentro. 

El 1 de marzo de 2017 no se les entregó el diploma a 60 profesionales y posgraduados más. Se confirmó a través de un acto simbólico que es posible transformar realidades y que nuestra sociedad, pese a los conflictos y a las inequidades que la caracterizan se moviliza a través de la educación en pro de la calidad de vida de las personas.  

A continuación compartimos con ustedes los discursos propuestos por los estudiantes para la ceremonia de graduación de la Facultad de Comunicaciones, realizada el 1 de marzo en el Teatro Camilo Torres Restrepo. 

 

Discurso de graduación
Por Luisa Cuartas, Comunicadora.

Hace algunos días alguien me preguntó qué me quedaba debiendo la universidad. Volví la vista al piso e intenté recordar algo, más allá de lo académico, que me hubiese quedado debiendo la Universidad de Antioquia, la U, mi U. Días después, aún intentaba responder dicha pregunta, ni siquiera para dar una razón a alguien, simplemente, o no tan simplemente, pensar en la posible respuesta me llevó a escribir esto.

Hoy, creo que la respuesta es: nada. Nada porque crecí, nada porque cambié, nada porque amé, lloré y pelié, y el que haya pasado por el Alma Mater sin hacerlo tuvo que pasar volando o sobre las vías del tren.

La mejor universidad del país, según el Ranking Art-Sapiens, publicado en El Espectador en julio del 2016; segunda mejor según la Revista Británica Times Higher Education y la número 15 entre las 50 mejores universidades de América Latina, ranking publicado por El Colombiano en el mismo año.

“Se plural como el universo” Fernando Pessoa. Ser plural como el universo no significa ser un poco de todo, significa entender y, sobretodo, respetar la pluralidad, el derecho a la diferencia. Ésta, la mejor universidad del país según millones de egresados, estudiantes, docentes y empleados, marcó mi vida y sé que la de mis compañeros también.

Aquí aprendí que un profesor puede convertirse en tu mejor amigo; que la masa no es sólo aquel material blando con el que se hacen arepas y buñuelos, es también un mar de gente haciéndote correr sin razón sólo porque un gas pimienta calló. Entendí que el mayor problema no es ir al aeropuerto y volar, lo realmente preocupante es no saber aterrizar. Conocí filósofos reguetoneros e ingenieros que son excelentes tocando el violín. Vi muchas personas brillantes haciendo hasta lo imposible por estar aquí, desde caminar kilómetros para llegar a una clase, hasta darle 20 vueltas a la universidad, que es lo mismo, vendiendo donas, barquillos, chocolates felices, aguacates, mazamorra y cualquier cosa que pueda tener un valor comercial.

Vi tiendas que se atendían solas y otras en las que el que sigue tiene que pensar rápido qué toma y llevar menudita porque 14+550=1950, no hay monedas de 50, tome una menta. El que sigue qué toma.

Entendí que imprimir un trabajo cinco minutos antes de la clase es una Utopía que se puede volver un Caos. También aprendí que la sencillez es lo mejor si tienes que hacer un tríptico con tu nombre, pero sobretodo cuando olvidas hacerlo o llevarlo a la siguiente clase. Me enseñaron que estar sentado o sentada durante horas en el bloque 12, no es perder el tiempo, es hacer relaciones personales para el futuro. Aprendí que un tinto no se le niega a nadie y fui testiga del momento, bueno, los momentos en los que una pola se convirtió en 4, 5, 10 o incluso, en un litro de algo más fuerte.

Vi Tiempos modernos de Charles Chaplin más veces que a mi cama y entendí que no es bueno tomarse las cosas a modo personal porque al fin y al cabo todo depende del paradigma, el enfoque, la perspectiva, la teoría, el método, la metodología, la corriente y el autor. Sentí que la familia no sólo está compuesta por quienes llevan tu sangre, conocí personas que aún teniendo horribles anécdotas por contar, preferían sonreir. En fin. Miles y miles de historias y aprendizajes en cada uno de nosotros y nosotras. ¿Y ahora?

Cuando entré a la universidad pensaba que cuando me graduara, terminaría; de hecho, cada vez que avanzaba entre un semestre y otro, las personas en la calle me decían “ya casi vas a terminar”. ¿Terminar? Ahora es que esto empieza.

Es decisión de cada uno de nosotros si quiere hacer de su vida un árbol de problemas o uno de objetivos; si quiere ser un o una profesional con criterio, o un o una comunicadorcita light de la U… de esta universidad.

Bendecidos y afortunados, no por tener carros, aparatos de última tecnología o uno que otro marrano; bendecidos y afortunados por haber llegado al Alma Mater, con todas sus contradicciones morales, prácticas y administrativas; con todo y sus paros y clases interrumpidas; con todo y sus baños cerrados al medio día o justo cuando más los necesitas. Pero sobretodo con todas sus enseñanzas y lecciones, que van más allá del uso del punto y coma, la tilde, Photoshop o Premiere; más allá de la venta de boletas cada ocho días para financiar una producción audiovisual; y mucho más allá de que ni tu mamá sepa de qué se trata lo que estudias y le diga a sus amigas y vecinas que vas a ser presentadora de televisión, que estudias frijología o figología o que estás estudiando una maestría para ser maestra.

Gracias miles a nuestros padres y familiares que de una u otra forma creyeron en nosotros y en nuestros sueños. A nuestros hermanos, por soportar nuestros cambios y nuevos pensamientos. Gracias a ese amigo que un 25 de septiembre decidió abandonar su cuerpo pero sigue acompañándonos en espíritu. Gracias a la vida por darme hoy el privilegio de ser Egresada de la UdeA.


Discurso de graduación
Por Daniel Quintero, Comunicador Audiovisual y Multimedial

El teatro… ¡qué inmenso es!, y es inmenso el sentimiento que me produce el encuentro conmigo mismo una vez más en este ‘aquí y ahora’ especial. Supongo que lo esperado en esta intervención es la enumeración de un listado de nombres y sentimientos en función de la conquista de un sueño, pero con sinceridad, para mí es más importante este ‘aquí’. Es más importante el escenario teatral porque es el encuentro central de la expresión artística, es el esfuerzo del hombre por expresar lo indecible, el drama humano: esa fuga de las pasiones, el dolor, el amor, la delicadeza, la inmensidad; desde lo corpóreo, hasta la infinitud de lo espiritual.
 
Yo me atrevo a pensar que es el compromiso de quienes hoy adquirimos la etiqueta de ‘comunicadores’ y ¨filólogos¨, seguir el legado de un ´compromiso por descubrir aquello que nos conmueve, lo fundamental, para volverlo evidente ante los ojos del mundo, y lograr que el mundo se conmueva también al descubrir en el artificio del lenguaje la belleza que existe en la vida, y que era invisible un segundo antes de volverse tan evidente.
 
En ese sentido, ya… tal vez acudiendo a las palabras de Perogrullo, pero después de explicar esa carga pesadísima, la importancia enorme que tiene este lugar y todo lo que representa para mí, no puedo más que estar completamente comprometido y entregado a la gratitud de estar ‘AQUÍ’, aunque mis palabras rápidamente se van a perder en la memoria de ustedes, y hasta de la mía, yo tenía que pararme, repito, con total gratitud frente a ustedes, tenía que pararme frente a mis colegas, frente a mi familia y las familias de mis colegas, frente a los maestros, frente al teatro, frente al arte, y frente a la vida, porque este momento, este ‘aquí y ahora’ reclamaba ser vivido con intensidad, y finalmente tenía que pararme con gratitud frente la Universidad, porque la universidad fue la entrada a todo este drama que con ustedes comparto, y del que es probable se ha desprendido ya la figura de un sujeto excéntrico y hasta chistoso… ¡pero cómo no hacer esta intervención! si la universidad fue el lugar DE LA VIDA, en el que lloré, perdí, me ilusioné, reí, amé, vi lo infinito, y muy especialmente, me descubrí en el laberinto de lo humano.

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