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lunes, 15 de octubre 2018
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Consideraciones para la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología

Presentado en la audiencia pública en el Congreso de la República, para la creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Bogotá, mayo 3 de 2018.

 

Por: Andrés Amell Arrieta
Docente investigador de la Facultad de Ingeniería
Departamento de Ingeniería Mecánica
Coordinador del grupo Gasure
Universidad de Antioquia

 

 

 

Si bien la ciencia nace como una necesidad para satisfacer la curiosidad intelectual e interpretar y comprender los fenómenos naturales y sociales del entorno, sin que con ello se pretenda necesariamente fines prácticos inmediatos, en un primer periodo de su desarrollo poco interesaban sus aplicaciones para contribuir al desarrollo material de la humanidad. En el Siglo XIX se observó cómo el avance científico se convierte en la base para la irrupción de desarrollos tecnológicos en el campo de la electricidad y de las tecnologías térmicas (motores de combustión interna, aplicación del calor en la transformación y producción de materiales, bienes de capitales y consumo, refrigeración y calefacción, entre otros) que fueron y son determinantes para el crecimiento económico, el bienestar y el confort de los ciudadanos. En el siglo XX los avances en Física Moderna, Química y Biología fueron la base para el surgimiento de un conjunto de innovaciones tecnológicas en automatización, computación, comunicaciones, nuevos materiales, energía nuclear, biotecnologías y más recientemente las tecnologías de la llamada Cuarta Revolución Industrial, que han sido determinantes para impulsar sin antecedentes el crecimiento económico, la calidad de vida, hacer posible la exploración espacial y la globalización.

 

Sin lugar a dudas, los países con tradición científica y tecnológica acumulada históricamente, con sus capacidades nacionales en ciencia y tecnología (CT), han participado en las grandes revoluciones científicas y tecnológicas en los dos últimos siglos, y en lo que va recorrido del presente son quienes han aprovechado estos resultados para fortalecer sus economías, mejorar la calidad de vida de sus habitantes, aliviar las desigualdades sociales y tener un papel hegemónico en el control de la geopolítica mundial. Cuando en estos países se comprendió y trascendió que la ciencia y la tecnología eran factores determinantes para el crecimiento económico y el activismo geopolítico, estas fueron incorporadas como elementos de políticas públicas y de provisión de bienes públicos por parte de los estados; así las cosas, la institucionalización de la CT en las instancias de decisión política, de planeación estratégica y de asignación de recursos financieros para su funcionamiento, ha estado presente de manera sistemática, irreversible y permanente después de la Segunda Guerra Mundial. En relación con la inversión global en I+D las estadísticas recientes señalan que Estados Unidos representa el 28%, China el 20%, Unión Europea el 19%, Japón 10 % y resto del mundo que tiene el 67 % de la población mundial sólo representa el 23% de tal inversión; estadísticas mundiales en el número de “publicaciones” reportan una participación de la Unión Europea del 34%, Estados Unidos del 25 %, China del 20% y los países de América Latina el 5% [1- 2].

 

Lo anterior no puede decirse para Colombia, en el largo periodo de vida republicana que llevamos y comparado con los momentos en que han irrumpido los nuevos paradigmas científicos-tecnológicos y su onda expansiva en la economía y la sociedad, el país ha estado enfrascado en conflictos sociales, guerras y escenarios pavorosos de violencia. Una rápida revisión de la historia  nos mostrará que cuando estaba en ebullición la Revolución Industrial sustentada en la invención de la máquina de vapor, el país andaba en plena guerra de la independencia; durante la revolución tecnológica soportada en las tecnologías eléctricas y térmicas a finales del Siglo XIX, el país asistía a varias guerras sucesivas desde la de 1851 hasta la Guerra de los Mil Días en el período de 1889 a 1902; ni qué decir en el Siglo XX, cuando se alcanzaban los avances de la Física Moderna, la sociedad colombiana se desangraba por la confrontación liberal-conservadora, mientras ocurría el surgimiento de la Biología Molecular, Energía Nuclear, Computación, Telecomunicaciones, como consecuencia de las tensiones sociales acumuladas por un largo período y de la influencia de la Revolución Cubana se daba el surgimiento de la insurgencia armada y la confrontación al Estado colombiano, lo que se complementó con la entrada en escena de la fuerzas sustentadas en el narcotráfico con todo su poder violento y desestabilizador.

 

Lo que ha sucedido en Colombia constituye un ambiente estéril y de obstáculos para que surjan y se expandan corrientes científicas de pensamiento, intereses y motivación en la juventud por el cultivo de la ciencia, sensibilidad por el desarrollo tecnológico endógeno, escasa disponibilidad para seguir y articularse a las tendencias de cambio científico y tecnológico mundial. Lo anterior ha consolidado un cuadro caracterizado por las siguientes situaciones:

 

- Existencia histórica de una dirigencia nacional poco ilustrada en relación con la importancia de la ciencia y la tecnología, y con ello el desprecio y desinterés por darle institucionalidad al tema en el contexto de la estructura de Estado y reconocerlo como prioridad para el desarrollo económico y social del país. Más allá de la creación de Colciencias no se registran iniciativas significativas.

 

-El aumento permanente de la brecha científica y tecnológica con respecto a los países de vanguardia e inclusive con países con indicadores demográficos, económicos y sociales similares al nuestro [2].

 

- No se ha utilizado la CT para aprovechar las ventajas comparativas sustentadas en la disponibilidad de recursos naturales estratégicos, por ejemplo, este año cumplimos cien años de actividad petrolera exportándolo como recurso primario, sin que el  país haya podido consolidar una industria petroquímica vigorosa, lo mismo pudiera decirse de la reservas del carbón del Cerrejón, donde no fue posible desarrollar una industria carboquímica, más de cincuenta años de construcción de grandes centrales hidroeléctrica sin que ello haya revertido el desarrollo de una industria electroquímica. Estas industrias se caracterizan no sólo por el uso de recursos naturales, sino también porque son intensivas en conocimientos científicos y tecnológicos.

 

- No se ha aprovechado la CT para la negociación exitosa para los intereses del país, de la inversión extranjera de calidad y la transferencia internacional de las tecnologías. Entendiendo que la inversión extranjera de calidad es aquella que se caracteriza porque efectúa trasferencia tecnológica en el país, demanda capacidades científicas y tecnológicas nacionales e inclusive puede coadyuvar a la consolidación de capacidades científicas y tecnológicas inexistentes en el país.

 

- No se ha aprovechado la CT para diversificar y sofisticar la oferta exportadora del país y superar la dependencia excesiva de la exportación de recursos primarios sin ningún valor agregado; las exportaciones de productos de media y alta tecnología sólo representan actualmente un 10 % del total.

 

- No se ha acumulado una tradición científica y tecnológica que prepare al país para abordar retos actuales, que dependiendo de cómo se aborden, determinarán el futuro de las próximas generaciones. Retos relacionados con la protección y uso racional de la biodiversidad y el agua, con la reducción de los índices de pobreza, con la reindustrialización del país y la diversificación de las exportaciones con alto niveles de sofisticación y valor agregado aprovechando las ventajas comparativas soportadas en recursos naturales , el potencial agroindustrial y las nueva tecnologías derivadas de la Cuarta Revolución Industrial, y con cómo abordar la llamada transición energética de acuerdo con los recursos energéticos convencionales y renovables disponibles en el país, requerimientos específicos de las regiones y del desarrollo económico social, entre otros asuntos estratégicos.

 

Si el conjunto de actividades que son esenciales para el progreso social y económico de una nación, para la lucha permanente por la equidad social, para salvaguardar la seguridad nacional, para garantizar el cumplimiento de los derechos  humanos, hacen necesaria su institucionalidad en la estructura del Estado en el mayor nivel jerárquico para la toma de decisiones y la estructuración de las políticas públicas, la experiencia internacional está mostrando cómo la ciencia y la tecnología deben ser consideradas e incorporadas en tal dimensión. Colombia debe avanzar hacia una nación moderna y con equidad social que requiere del reconocimiento de la ciencia y la tecnología como instrumentos útiles para la lograr las trasformaciones requeridas. Es por esto que no da más espera continuar con vacilaciones e iniciativas intermitentes y no sostenidas en el tiempo en materia de políticas públicas para la promoción, fortalecimiento, uso de la ciencia y la tecnología en todos los sectores de la sociedad y la institucionalidad de esta. En este contexto se justifica la necesidad y pertinencia de la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología en Colombia.

 

Un Ministerio de Ciencia y Tecnología en Colombia, moderno, eficiente, con buenas prácticas para gestión pública y blindado a la burocracia, a la corrupción y al clientelismo, tendría los siguientes impactos:

 

- Por el nivel de interlocución y presencia en mayor nivel jerárquico de la Rama Ejecutiva del Estado como lo es la comunicación directa con la Presidencia y las participaciones en Consejos de Ministros, se pueden sustentar y lograr decisiones en la política pública para la financiación permanente y sin incertidumbre del Sistema Nacional de CT, que no sean coyunturales y sujetas a la decisión del Ministro de Hacienda de turno. Al respecto hay experiencias internacionales recientes ejemplarizantes; en Egipto se ha realizado una reforma constitucional en el año 2014 en la que se logró establecer que el Estado debe invertir el 1% del PIB en la financiación de la Ciencia y la Tecnología.

 

- El Ministerio de CT tendría a su haber estar soportado por el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, lo que le da la posibilidad de disponer de manera permanente y no coyuntural de recurso humano con alta formación científica y activo en investigación y desarrollo tecnológico, con lo cual se puede dar soporte a las exigencias científicas y tecnológicas cada día más crecientes en la estructuración, ejecución y evaluación de los impactos, de las políticas públicas de otros ministerios. Ello permitiría una nueva práctica en la definición de las políticas públicas en Colombia, consistente en el análisis científico y tecnológico de sus impactos potenciales, cómo se alinean ellas con las tendencias internacionales en el estado de la técnica y el análisis de la validez o ajuste que requieren para su éxito al aplicarse al contexto colombiano.

 

- Colombia requiere modernizar el funcionamiento del Estado colombiano, en este propósito es imprescindible la formación científica y tecnológica de los funcionarios para mejorar las predicciones, seguimiento, evaluación del impacto y la corrección sobre la marcha de las políticas públicas. La existencia de un Ministerio de Ciencia y Tecnología permitiría la interacción con los otros Ministerios en esta dimensión, para identificar perfiles óptimos de los funcionarios, para estructurar planes permanentes de capacitación y actualización y preparar relevos generacionales de acuerdo con los requerimientos científicos y tecnológicos de los cargos. El funcionamiento de los Estados modernos cada día será más complejo en su quehacer, las exigencias científicas, tecnológicas y el uso de herramientas modernas serán mayores para los funcionarios, la burocracia será un asunto del pasado, so pretexto de tener un Estado paquidérmico, ineficiente y de espalda al ciudadano y a los grandes problemas nacionales.

 

- En el terreno de la diplomacia internacional, las actuaciones de Colombia han estado articuladas alrededor de asuntos geopolíticos, limítrofes, estabilidad de los regímenes políticos, promoción del comercio, arte, cultura y deportes. La existencia de un Ministerio de Ciencia y Tecnología podría agregar una nueva dimensión a las agendas internacionales de la diplomacia colombiana, presentando siempre aproximaciones científicas y tecnológicas a los acuerdos  y negociaciones con otros países, estimulando opciones  para corrientes migratorias  de personal científico hacia el país, asunto este  tan necesario para acelerar el cierre de la brecha científico tecnología que el país tiene en asuntos estratégicos para el desarrollo nacional. Sin duda que la incorporación del componente científico y tecnológico en la diplomacia internacional, como resultado de las interacciones y sinergias entre el Ministerio de Ciencia y Tecnología con otros Ministerios, en particular con el Ministerio de Relaciones Exteriores, complementarían el habitual ejercicio  de interacción de las comunidades científicas nacionales con las internacionales, pero lo más importante es que puede traer grandes beneficios para el país puesto que históricamente Colombia no ha sido un país atractivo para las migraciones de intelectuales, de científicos y de personalidades del arte  y la cultura.

 

Las iniciativas aquí descritas, y muchas otras que se pueden describir y sustentar, no son posibles sin la existencia de un Ministerio de Ciencia y Tecnología, con capacidad de interlocución, sinergia, planeación y negociación con otros ministerios e instancias de poder público del orden nacional y regional; tanto en la dinámica de la estructuración, ejecución y evaluación de los impactos de las políticas públicas y del funcionamiento normal del Estado. En el mejor de los casos, como la evidencia empírica nos lo muestra, solo han sido posibles acciones episódicas, coyunturales de corto aliento que languidecen fácilmente, condenando la actividad científica y  tecnológica a una limitada institucionalidad, desfinanciamiento y reducción a su mínima expresión y con ello impidiendo la legitimidad social de la ciencia y  la tecnología en el seno de la sociedad colombiana, como también renunciando a la posibilidad de que la Ciencia y la Tecnología se conviertan en agentes de transformación para coadyuvar a la equidad social, superar las asimetrías regionales, contribuir al crecimiento económico en un contexto de sostenibilidad ambiental y para contribuir a la modernización del Estado y de la sociedad colombiana.

 

Referencias:

1. Unesco. Informe de la Unesco sobre la ciencia, hacia 2030. Ediciones Unesco, Paris 2016.

2. Meghnand Desai. Measuring the technology achievement of nations and the capacity to participate in the network age. Journal of human and development, V3, N1, 2002.

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